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El año se inicia con incógnitas económicas. Estados Unidos evoluciona impulsada por los pálpitos de Trump y la indefinición de la Reserva Federal. Al tiempo que el presidente reduce los impuestos, la Reserva Federal no ahorra esfuerzos para profundizar la revaluación del dólar. Hoy en día el dólar es la moneda más sobrevaluada del mundo. América Latina continúa a la zaga mundial, con crecimiento negativo. Los países evolucionan con crecimientos por debajo de la tendencia histórica y restricciones de la balanza de pagos. No obstante su papel precursor en el estructuralismo, la región no ha reaccionado a las tendencias crecientes al proteccionismo, cierre de los mercados y fortalecimiento regional.
Luego de cuatro años de estancamiento, Colombia opera dentro del marco de exceso de ahorro y restricción de la balanza de pagos que han mantenido la economía por debajo de su potencial. El desajuste se verá agravado por la caída del precio del petróleo y la ley de financiamiento. No se cumple el dogma de que la baja de la tasa de interés y la devaluación del tipo de cambio mantienen la economía en su máxima producción, como se enseña en los libros de texto más vendidos. En los últimos dos años la tasa de interés se redujo a la mitad y el crédito creció por debajo del producto. En la actualidad el peso está subvaluado en 50 % con respecto al dólar (la hamburguesa McDonald’s cuesta alrededor de la mitad en Colombia) y el déficit en cuenta corriente aumenta.
La resistencia a reconocer la realidad se refleja en la anarquía de las proyecciones, que muchas veces son desvirtuadas antes de ser divulgadas. El año pasado el FMI y el Gobierno proyectaron crecimientos del 3,3 % y, de acuerdo con las cifras disponibles, estará cerca del 2,5 %. Lo mismo ocurrirá en el presente año. Los dos organismos predicen un avance del 3,6 % y hasta 4 %, y todo parece indicar que no pasarán del 3 %.
En términos prácticos, estamos ante la ineficacia del Banco de la República para regular la tasa interés y aumentar el crédito y del tipo de cambio flexible para estabilizar las cuentas externas. Los dos aspectos configuraron un exceso de oferta que se sale de los criterios convencionales. En las visiones elementales se considera que las alteraciones de la economía provienen de la oferta y pueden superarse con la simple ampliación de los márgenes de ganancia. Pero esta no es la realidad de la economía colombiana. Las empresas operan dentro de condiciones muy favorables. Las firmas exportadoras de bienes tradicionales están en capacidad de colocarlos por encima de los precios domésticos. Las firmas destinadas al mercado interno operaron durante un lustro con salarios inferiores a la productividad. En fin, la falla de la economía se encuentra en una deficiencia estructural de la demanda ocasionada por las condiciones macroeconómicas.
Desde la crisis de finales del siglo pasado en Asia y América Latina y la recesión de 2008 se observa que la economía mundial, al igual que las individuales, tiende a un estado de exceso de ahorro y tasa de interés cero. No se puede esperar que los flujos de capital equilibren las balanzas de pagos ni que la política monetaria de tasa de interés conduzca al pleno empleo y la plena capacidad. Las economías operan dentro de un abierto conflicto entre el crecimiento y la estabilidad de la balanza de pagos, que solo se puede resolver con la articulación estratégica. De hecho, surge una nueva concepción basada en la coordinación fiscal y monetaria y en un marco de política industrial, comercial e integración regional orientado a impulsar las actividades de mayor complejidad y productividad del trabajo.