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“Está cabrón, muy cabrón…”

Políticos y comentaristas se preguntan si vale la pena el costo que están pagando los mexicanos en la lucha lanzada por Felipe Calderón contra los carteles de la droga.

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En Ciudad Juárez el miedo se ha convertido en terror. No utilizan bombas, pero la masacre de civiles inocentes sólo se puede calificar como puro terrorismo. Hay un cambio de táctica. Los narcos ya no centran sus ataques en bandas rivales, matan a jóvenes que no tienen nada que ver con la droga. En Ciudad Juárez asesinaron a 16, en Torreón a 10. Ni unos ni otros eran delincuentes ni potenciales sicarios. Eran estudiantes que se divertían sanamente.

“¿Qué es, si no terrorismo, el ataque a unos jóvenes que se divertían en una fiesta?”, se pregunta el analista Ricardo Alemán. ¿Qué significa que una caravana de camionetas llegue a una reunión privada, que bajen 20 sicarios para masacrar a un grupo de jóvenes? “El mensaje de terror que envían los barones del crimen es claro para todo aquel que quiera verlo y escucharlo”, dice Alemán.

Las bandas criminales ya no sólo matan a individuos de manera aislada, sino que perpetran masacres. La violencia adquiere dimensiones nunca vistas en México. La impunidad permite asesinar a 16 estudiantes sin temor al castigo. La justicia es tan infame que esos sicarios no pondrán jamás un pie en la cárcel. Los asesinos se mofan de la autoridad; al ciudadano le ganan el miedo y la desesperanza al ver que no hay más ley que la de quienes, con la sinrazón de las balas, imponen el terror.

El diputado Sebastián Lerdo de Tejada sacó su móvil, buscó la información en internet y mostró el saldo de la guerra contra el narco en el pasado enero: 904 muertos. Dijo que si esa cifra se multiplica por los 12 meses de 2010, nos dará una idea del ritmo que lleva la violencia en este año: 10.848 muertos. “Está cabrón, muy cabrón…”, exclamó el parlamentario del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Sin embargo, de acuerdo con el periódico El Universal, hasta la semana pasada habían sido asesinadas 1.015 personas, de las cuales el 24,3% murieron en el norteño estado de Chihuahua, seguido de Sinaloa (22,5%), Baja California (11,5%), Durango (8,2%) y Guerrero (7,8%). Según estos cálculos, en México cada 48 minutos una persona pierde la vida en un crimen relacionado con la operación de las organizaciones delictivas y narcotraficantes. De acuerdo con datos de la Fiscalía federal, en los primeros tres años de gobierno del presidente mexicano, Felipe Calderón, quien asumió el poder en diciembre de 2006, murieron en el país unas 15.000 personas por estos delitos, aunque los periódicos aseguran que la cifra supera los 17.000.

Ciudad Juárez es la localidad más vigilada del país. Miles de soldados y policías patrullan sus calles. ¿De qué ha servido? “Los crímenes cada vez son más horrorosos; los saldos, más pesados”, comentó el diputado del PRI por Ciudad Juárez, Jaime Flores, secretario de la Comisión de Derechos Humanos. El legislador sintetiza en tres palabras la causa del fracaso: “No hay estrategia”. Más duro fue el diputado Javier Corral (del gubernamental Partido Acción Nacional, PAN), quien acusó al gobernador de Chihuahua, José Reyes Baeza, de ser “omiso y complaciente con las mafias”.

Frente a los priistas que exigen responsabilizar al gobierno del presidente Felipe Calderón de la violencia, a pesar del refuerzo de soldados y policías, Corral afirmó que debía denunciar lo que había pasado en el estado norteño.

“El gobierno de Reyes Baeza es espectador frente a la disputa de capos del narco y no puede hacer nada, porque en su origen se encuentra la explicación”, acusó. Afirmó que en mayo de 2004, cuando fue candidato por el PAN y adversario de Reyes Baeza al gobierno de Chihuahua, las campañas electorales resultaron beneficiadas con dinero ilegítimo e ilícito.

Alberto Islas, experto mexicano en temas de seguridad, comenta que el Ejército se comporta en Ciudad Juárez como fuerza de ocupación en una guerra no declarada. “Los militares han mostrado su incapacidad para cumplir tareas policiales. Con rondines no van a romper la cadena logística de los narcos”.

La masacre de jóvenes en Ciudad Juárez motivó que el Congreso pida una revisión profunda de la estrategia antinarco del presidente Felipe Calderón. Francisco Ramírez, presidente de la Cámara, destacó que “ante el aumento de muertos en todo el país, se requiere un cambio profundo de estrategia”. Francisco Rojas, portavoz del PRI en el Congreso, dijo: “Es dramático lo que está ocurriendo. El combate al crimen organizado tiene que reorientarse, los operativos no funcionan, la mafia lleva camino de rebasarnos”.

El analista Sergio Aguayo escribe en el diario Reforma que “Ciudad Juárez está enojada y desesperada”. Se critica a Calderón por haberse lanzado a una guerra sin una estrategia integral y por no asumir los deberes del comandante en jefe. Aguayo señala: “Se comprende por qué los juarenses pidieron la intervención de los cascos azules de la ONU y la ayuda de la policía militar estadounidense”.

Cuál será el nivel de indignación ciudadana que el Senado, que reacciona con lentitud, pidió la comparecencia urgente de los ministros de Defensa, Marina, Seguridad Pública y Justicia, para que expliquen el nulo avance en la guerra contra el narco. El presidente Calderón anunció que replanteará la estrategia de seguridad en Ciudad Juárez. “La problemática rebasa la mera acción policiaca o incluso la del crimen organizado. Es complejo”, aseguró.

Sus justificaciones ya no convencen y el debate sobre la conveniencia de la guerra está tomando visos inesperados. Algunos coinciden que esta lucha debió iniciarse antes de 2006 y otros advierten que el presidente se apresuró al lanzarla.

René Delgado, director de Reforma, plantea varias dudas sobre la guerra, sus perspectivas y costos. Jorge Castañeda, ex ministro de Relaciones Exteriores, escribió que “cobra cada día más fuerza la idea de que la única explicación satisfactoria, aunque no demostrada, de declaración de guerra consistió en el deseo de Calderón de legitimarse, en vista de las dudas en torno a su elección en 2006, dudas que sus seguidores nunca compartimos. Lo logró: sus índices de popularidad subieron y se han mantenido a niveles comparables a los de sus predecesores”.

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Pero la guerra aún no da resultados. La violencia desangra el país y los mexicanos comienzan a pedir resultados.

“Calderón está perdiendo la guerra”

El subcomandante Marcos, jefe del hoy casi desaparecido Ejército Zapatista de Liberación Nacional, afirmó que el presidente Felipe Calderón está perdiendo la guerra contra el crimen organizado y que es éste el que tiene el control de la fuerza del Estado.

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“El señor Calderón, aficionado a los juegos de computadora, decidió que en lugar de pan y circo, al pueblo había que darle sangre. Como el circo ya lo dan los políticos profesionales y el pan está muy caro, Calderón decidió hacerle la guerra al otro bando”.

Sin resultados claros

Jorge Castañeda,  ex ministro de Relaciones Exteriores y profesor de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Nueva York, planteó en el diario ‘El País’ de España que la guerra contra el narcotráfico no debió haber sido declarada, no se puede ganar y  le está causando un daño enorme a México. Castañeda también plantea que la legalización de la marihuana sólo puede hacerse de la mano de Estados Unidos.

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Según escribió, hace poco más de tres años el presidente mexicano vistió una casaca militar y declaró una guerra frontal de gran escala contra el narcotráfico, enviando al Ejército a las calles, carreteras y pueblos de México. “En aquel momento, Felipe Calderón recibió un amplio respaldo, interno y externo Se esperaban rápidamente resultados tangibles, pero hoy brillan por su ausencia”.

Vea la infografía Las cifras de la droga en México.

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