Gustavo Petro: de Macondo a la Colombia Humana

Diferentes momentos y detalles de su vida se entretejen para elaborar un perfil del candidato presidencial del Movimiento Colombia Humana en las elecciones 2018.

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Los primeros años: descubrimiento de Macondo

Panagúa, cacique zenú, cantó al agua y una interminable lluvia hizo crecer las quebradas y arroyos. Las historias cuentan que llovía oro. Los invasores españoles torturaron la raza zenú. Y luego, se apoderaron del metal dorado. Al lugar le llamaron Ciénaga de oro. Allí ocurrió  el nacimiento del cordobés Gustavo Francisco Petro Urrego. 

Su padre, Gustavo Petro Sierra, estaba convencido de la labor docente, del poder de los libros y el conocimiento. Enamoró a Clara Nubia Urrego y en aquella humilde casa de bahereque con techo de palma, el 19 de abril de 1960, nació el candidato presidencial.

Por esa misma década, Gabriel García Márquez creó a Aureliano Buendía. Los cien años de soledad transformaron al general liberal en un artesano de los pescaditos de oro. Los misterios de su taller guardaban los secretos de los fusiles, la ciencia y la filosofía. 

La noche del 19 de abril de 1970, las voces de la radio acompañaron todos los silencios del niño de diez años. Comía casabe mientras se recostó junto a su padre para escuchar el transistor: “El candidato presidencial de la Alianza Nacional Popular (ANAPO) Gustavo Rojas Pinilla lleva ventaja frente a candidato conservador Misael Pastrana”. La transmisión radial se suspendió. En la mañana del 20 de abril, el partido conservador resultó ganador de las elecciones.

Denunciaron fraude, protestaron y gritaron. Nada sucedió. Miembros de la ANAPO y estudiantes universitarios decidieron crear el Movimiento 19 de abril. Su proyecto político estuvo relacionado con la democracia, el nacionalismo y la paz. Por esto, su línea ideológica se identifica con el nacionalismo popular revolucionario. 

De Ciénaga de Oro, la familia se trasladó a Zipaquirá. En el colegio Nacional San Juan Bautista De La Salle terminó por sellar un pacto con la literatura universal: escribir. Alrededor de treinta lápices crearon el periódico municipal Carta al Pueblo. El oficio de la reportería lo acercó con sindicalistas y estudiantes. Comprendió las injusticias sociales, la desigualdad, el déficit de vivienda. En resumen: los abusos del poder y la ausencia democrática. Transformaron el lema del periódico en: Palabras y Acción.  

A los 16 años se graduó con uno de los mejores ICFES del país. Empacó sus camaradas, es decir, los libros, algunas mudas de ropa, ejemplares de su periódico. Antes de salir, escondió su mirada profunda y reflexiva con unos vastos anteojos. Para aprovechar su beca universitaria, llegó a Bogotá e inició sus estudios de economía en la Universidad Externado de Colombia. 

Una fría noche recordó profundamente su tierra natal: los relatos de aquella cultura anfibia, la del agua, la cosmovisión protectora de los indígenas sobre aquellos espejos hídricos. Suspiró, volvió a releer los fragmentos sobre el coronel Aureliano Buendía. Porque los pescaditos de oro, eran mucho más. Eran sabiduría, arte y al final de la novela, una especie de resignación. Hasta que un día muere la memoria macondiana del coronel sin alguna explicación. 

Al día siguiente, fijó su candidatura en la ANAPO y se convirtió en personero de Zipaquirá en 1980. Luego fue concejal de Zipaquirá entre 1984 – 1986. Durante esta época militó en las filas del M- 19. Participaba de forma intelectual, predominantemente. Insistió hasta fundar el barrio zipaquireño Bolivar 83. Y todo sucedió, también porque trabajadores, estudiantes y sobre todo, mujeres, marcharon para exigir el derecho a la vivienda. 500 familias construyeron las casas y también hubo tiempo para bailar y celebrar por Gustavito. Este era el nombre que gritaba la gente con alegría. 

La tristeza no demoró. En 1985, Gustavo Petro hace pública su militancia en el M-19. Aureliano fue su seudónimo, “el coronel de las mil batallas perdidas”, dice él. Al poco tiempo, es arrestado en Bolívar 83. Aparece un desfile de familias con sus primeros rostros tristes y sollozos, mientras observan la delgada figura, en medio de algunos militares, que se disipa con cada paso de Gustavito. La sentencia se cumplió hasta 1987.

La certeza de la paz: el pacto sagrado de Aureliano

La libertad lo reencontró con Carlos Pizarro LeonGómez y otros compañeros. A los 27 años concentró sus esfuerzos para lograr un acuerdo de paz entre el gobierno y el M-19. Una apuesta: realizar una Asamblea nacional Constituyente para garantizar la participación y el pluralismo político. Luego, la Séptima Papeleta. Tuvieron que pasar 105 años para crear una nueva Constitución Política en 1991. 

El 8 de marzo de 1990, el M-19 entregó las armas y se transformaron en el partido político Alianza Democrática M-19. La certeza de la vida y la paz no desaparecieron el horror de la muerte. Un gran número de la junta directiva nacional del M-119 fue asesinada. Y luego, en 1990, un avión, un sicario y la tragedia de abril desaparecieron a su candidato presidencial. 

La muerte lo siguió. Gritó, amenazó y buscó. Escuchó un susurro: los poderosos estaban hechos de terror, violencia y ambición. Habían decidido que Gustavo Petro era un obstáculo. En 1994, abandona las tierras macondianas y trabaja en la Embajada de Colombia en Bélgica. En 1997, quizás, recordó la técnica orfebre de Aureliano sin dejarse vencer y regresar a Colombia. Evocó la época en Zipaquirá y su vocación política.  

De 1998 a 2010 es elegido para el Congreso de la República. Reinaba el silencio de las masacres, las atrocidades, el espectáculo del terror del paramilitarismo y su relación con la política. Argumentó, denunció y acompañó a las víctimas, testigos de cada noche interminable por la guerra. Los cadáveres gritaban torturas: empalamiento de mujeres, degollamientos, desmembraciones,  -Maté a esos campesinos y asegúrese de quitarle a cada uno la cabeza- ordenó un jefe paramilitar antes de jugar fútbol con cada cabeza en la cancha del pueblo. 

Del Congreso llegó a la Alcaldía de Bogotá, hasta 2015. “La pregunta que hoy nos hacemos es ¿Quién pagará la reparación integral de las víctimas en Colombia? La primera respuesta, indudablemente, debería ser los victimarios. Aquellos que se quedaron con la tierra,  aquellos que al quedarse con la tierra condenando a generaciones enteras, quizás a cien años de soledad han obtenido el poder. Porque tierra y poder, en muchas regiones de colombia, son sinónimos. Aquellos que obtuvieron la tierra y el poder gracias al terror”, relata Gustavo Petro en el concierto por la memoria y solidaridad de las víctimas en el año 2012.

El camino a la Presidencia: Colombia Humana y Ambiental

“Bendición”, le dice Luz Mery Bernal a su hijo de 26 años, Fair Leonardo Porras Bernal. Su discapacidad: la meningitis afectó su cerebro. Su madre lo buscó durante cuatro días en Soacha, Cundinamarca. Nunca regresó y su cuerpo apareció en Santander. Había sido asesinado por lo militares para hicieron pasar hacerlo por guerrillero. Esta muerte se multiplicó hasta convertirse en miles de asesinatos. Siguió el dolor y luego la resistencia. MAFAPO son  las Madres víctimas de los falsos positivos. Así llegó, aquella manilla-rosario a las manos de Gustavo Petro. 

Es católico y difunde el mensaje de la encíclica del Papa Francisco, Laudato Si´: Sobre el cuidado de la casa común. “Mientras tanto, los poderes económicos continúan justificando al actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente”, escribió el austero Papa.

Toda su actividad política lo ha acercado a los sectores vulnerados y excluidos. Por eso no sorprende el apoyo de sindicatos de trabajadores (CUT), víctimas, indígenas, afrodescendientes, campesinos, periodistas, feministas, trabajadoras domésticas, animalistas, LGBTI, líderes de comunidades religiosas Cristianas, Franciscanas, Clareritanas, Ortodoxas y Anglicanas. Incluso algunas barras del fútbol se unieron para apoyarlo. Al cierre de esta nota, un grupo de oficiales retirados de la Policía se habían sumado y más de 100 líderes ambientales. Ver: Más de 100 líderes ambientalistas adhieren a la campaña de Gustavo Petro. 

También se sumaron educadores y reconocidos académicos del país como Arturo Escobar, Antanas Mockus, Rodrigo Uprimny y José Oswaldo Lezama, Premio Nacional de Matemáticas 2017. Además de la Premio Nobel de ambiente Francia Márquez. También los cantantes Piero y Totola Momposina. En redes sociales diferentes artistas y  actores manifiestan su apoyo. Esta semana tuvo el apoyo de más de 100 escritores colombianos.

A nivel internacional, recibió el respaldo de economistas reconocidos como el francés Thomas Piketty y el surcoreano Ho Joon Chang. El excandidato presidencial francés Jean-Luc Melenchon le envió un saludo. Igualmente Alain Lipietz, exvicepresidente del Parlamento Euro Latino Americano por el Parlamento Europeo. Otros apoyos llegaron del filósofo italiano Antonio Negri, el esloveno Slavoj Zizek, y la belga Chantal Mouffe, el franco – brasileño Michael Löwy y el australiano Peter Singer. También el premio Nobel de literatura John Maxwell Coetzee. Y el prestigioso Centro Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

Una parte del país siente desconfianza. Las noticias de Venezuela, el mito castrochavista y la política de Seguridad Democrática. Otros inventaron mentiras y otros las creyeron. Engañan para no perder los privilegios del poder. Y acumularon tantas injusticias, que Colombia es hoy el tercer país más desigual del mundo, según la Organización de las Naciones Unidas. 

Sin embargo, otros sectores del país vuelven a creer en el horizonte. En la paz, la vida, la naturaleza y la educación. Gustavo Petro sube a la tarima. En las plazas del país se multiplican hombres, mujeres, perros y gatos. Los primeros levantan sus brazos y las banderas de todos los colores. Él sonríe antes de escuchar su voz desgastada: “Lo que estamos proponiendo es democratizar el saber, el conocimiento, el arte, la cultura en el conjunto de la sociedad. Ese es el camino (…) La necesidad de cambiar de una economía extractivista a una productiva”. 

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