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Escucharle a un líder académico colombiano que un pergamino no es lo más valioso en la formación profesional, parecería un contrasentido. Pero los argumentos en tal sentido, promulgados por Jorge Enrique Silva Durán, rector de la Escuela de Administración de Negocios (EAN), son tan convincentes, que no hay duda sobre la necesidad de corregir algunas actitudes de los colombianos frente al estudio.
Silva dice que, en un entorno globalizado, lo importante no es el cartón de grado, sino la capacidad de gestión por competencias. Y tanto o más crucial es la habilidad de emprender negocios. Las dos cosas forman parte de la filosofía educativa de la EAN y son una de las principales obsesiones de Silva.
Gracias a esa convicción (y a sus resultados), la EAN recibió este año la acreditación internacional para sus programas de negocios de la Acbsp (Association of Collegiate Business Schools & Programs) de E.U.
Es algo que lo tiene satisfecho, lo mismo que el logro de haber conseguido, en 2006, el reconocimiento de la EAN como universidad. Hasta entonces sólo funcionaba como institución universitaria.
Antes de hablar de la importancia de las competencias y del perfil de los distintos programas de la EAN, hicimos una pausa para ordenar el almuerzo, en el restaurante Criterión, al norte de Bogotá. Silva mantiene una dieta alimenticia sana y, en lo posible, evita el alcohol y el café.
Tranquilo, disciplinado y reflexivo, no revela, a simple vista, su carácter santandereano. Pero donde se delata es en cómo defiende sus ideas. “Nuestra educación exige un replanteamiento estratégico”, dice, con el tono de quien ya ha empezado esa tarea. Entonces, ¿cuál es la esencia de la educación por competencias? “De lo que se trata es de pasar del pensamiento complejo a las ideas y decisiones concretas”.
Ante todo, hay que entender qué son las competencias. En su sentido más básico, son una fusión de conocimientos, habilidades, actitudes, compromisos e inclinaciones. No siempre se refieren, dice Silva, a lo tradicionalmente económico o empresarial. “El mundo de los negocios no puede ignorar, por ejemplo, que una persona con inclinaciones culturales o facilidad para los idiomas también es un empresario en potencia”. Por eso sus programas de lenguas modernas o estudios de gestión cultural reciben tantas nociones de emprendimiento, como los estudiantes de administración de negocios, economía e ingeniería. “La explicación es sencilla: un emprendedor puede hacerse desde la cultura o desde los idiomas. Y también desde la ingeniería ambiental o desde la ingeniería de sistemas. En la EAN, la creación de empresa es común a todos nuestros programas”.
Otro eje vital son los recursos humanos. “No hablo de una sección de apoyo (como se entiende en muchas partes), sino de un eje fundamental de enseñanza. Se trabaja por y para el hombre, y debe ser el centro de la difusión de conocimiento”.
A mi pregunta de si cuando hablamos de emprendedores nos estamos refiriendo a esos genios que transforman productos y servicios y rompen esquemas y paradigmas en el mundo, Silva responde que, ante todo, deben reconocerse las necesidades y realidades del entorno. “Cuando hablo de formar emprendedores, me refiero a estudiantes colombianos que, a través de pequeñas y medianas empresas, pueden llegar a ser integradores de competencias, honestos, eficientes, creativos y multiculturales”. Y está convencido de que una sociedad sin emprendedores, cualquiera sea su tamaño, no es viable. “Gracias al trabajo de los emprendedores surgen oportunidades laborales para otros. En su popular libro Emprendedor, publicado por la editorial Alfaomega, Silva escribe que los grandes cambios económicos, sociales y políticos siempre han tenido un componente empresarial, “porque el emprendimiento entraña transformación y generación de prosperidad”.