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Aparece el domingo en el periódico El Espectador, en la sección Alto Turmequé, un perfil malintencionado y mezquino de mi padre que ultraja sin razón su memoria, sin tener en cuenta el duelo de mi familia. Hace afirmaciones mendaces, entre otras que tuvo que renunciar como ministro de Justicia del presidente Virgilio Barco por la importación de un vehículo al cual tenía derecho en su calidad de embajador. Hecho que suscitó un acalorado debate en el Congreso de la República, en el cual pudo demostrar, como lo hizo ante la Procuraduría General de la Nación, la claridad de su conducta, evidenciando que no era más que un pretexto político que sirvió a sus enemigos para intentar manchar su conducta pública.
A la cabeza de esta vil tarea estuvo el senador Valencia Cossio, quien resultó aplastantemente derrotado en el debate, pues todas las bancadas del Congreso encontraron más que satisfactorias las explicaciones dadas por el entonces ministro Arias Carrizosa.
Sorprende constatar que 30 años después sigan sin cancelarse los odios que suscitaban su inteligencia y carácter.
Como mendaz es la afirmación de que era un hombre de ultraderecha. Fue toda su vida sin excepción un gran liberal, enemigo de una guerrilla que atentaba contra los valores democráticos, que eran los de su partido.
Por último, se afirma que desde el año pasado sueno como aspirante a ser procurador general de la Nación por recomendación del excontralor y exprocurador Edgardo Maya. Nada menos cercano a la realidad.
No deja de sorprenderme que un periódico abra sus páginas sin respeto al duelo de una familia para el ejercicio del odio perpetuo de quienes con cobardía se amparan en el anonimato.
Lamento el irrespeto a la memoria de un hombre que sirvió con entereza, carácter y absoluta honestidad al país por más de 40 años.
Ni mi familia ni el suscrito, ni muchos de los lectores que conocieron a mi padre, pueden comprender que desde las páginas de este periódico se produzca tan aleve ataque, apenas cerrada su tumba.
En nombre de mi familia y en el mío propio, le solicito dar cabida íntegra a esta comunicación y retirar las expresiones hostiles e inexactas a las que he hecho alusión.
Herman Arias Gaviria. Bogotá.
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