Los extremos se ayudan

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

El acto demencial del Eln favorece de manera categórica a aquellos que desean proscribir el diálogo como solución al conflicto. Mejor servicio no le pudieron haber prestado a la derecha. De hecho, casi sin fisuras, toda la sociedad apoya una respuesta dura del Estado, aplicando a la lucha contra el terrorismo toda la fuerza de las instituciones. Que no quede duda para los insultadores: apoyamos a Duque en la ruptura de la mesa, lo apoyamos en sus exigencias sobre la liberación de los secuestrados y ninguna palabra nuestra significa condescendencia con un acto terrorista de esa magnitud.

Pero no compartimos la decisión del gobierno de exigir a Cuba el rompimiento de los protocolos de salida. Estos instrumentos han sido usados siempre porque, de lo contrario, las conversaciones serían imposibles. El propio Uribe los cumplió al clausurar sus conversaciones con el Eln. Deliberadamente se ha creado un espejismo: se califican como acuerdos internos con una guerrilla que no los merece. Error. Son acuerdos con los países garantes. Es la seriedad internacional de Colombia la que está en juego. Los protocolos, aunque su tipificación jurídica sea precaria, en todo caso son compromisos del Estado con países cuya única misión era la de colaborar con la paz de Colombia. Se dirá que quedarle mal a Cuba y su régimen socialista no tiene problema. Es más de lo mismo. Falso. Desde la época de Fidel, Cuba ha colaborado lealmente en el empeño de la paz. Incluso el libro famoso de Fidel fue recibido con furia por las Farc porque desaconsejó el uso de la violencia en Colombia. Y si no conmueve este argumento, la actitud de un país de la seriedad y la tradición de Noruega nos deja pegados de la brocha. Noruega ha desnudado la debilidad de la posición del Gobierno. Su argumento inicial, sin embargo, era poderoso aunque equivocado. Lo que había era un enfrentamiento entre dos valores éticos. La condena del crimen atroz y el valor de la palabra empeñada. El Gobierno le dio prevalencia al primero. Pero de allí en adelante, el eslabonamiento de argumentos del Gobierno ha venido deteriorando cada vez más su posición. La condena del Consejo de Seguridad tenía carácter general. El Gobierno quiso leerla como una exigencia a Cuba. Falso. A la siguiente reunión del Consejo, no solo se guardó silencio sobre el protocolo, sino que a pesar de condenar el atentado, se agregaron dos invitaciones: a no desistir de la vía dialogada y a garantizar el cumplimiento del Acuerdo con las Farc. Un escenario que podía ser favorable para el Gobierno se convirtió en un serio fracaso diplomático. Con el agravante de que hemos dividido el bloque de países garantes y creado una situación que va a dificultar en el futuro vías distintas a la respuesta militar. A eso hay que agregar las patéticas disquisiciones jurídicas, pedazos de sentencias, el yo no firmé, fue Santos, radiografía de un país que cree resolver todo creando un mundo paralelo de ejercicios pseudojurídicos.

Imagino que a Duque lo movió, al ingresar a este laberinto sin hilo de Ariadna, el deseo de distinguirse de la política anterior, mostrarse fuerte en un momento en que lo necesitaba y consolidar su coalición. Aunque es un error, ojalá sólo sea eso. Que no hayamos terminado metidos en este berenjenal por cuenta del eje Trump-Duque-Bolsonaro, como una especie de movida para desacreditar a Cuba.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido