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María Flores, hija de la tradición

Nelly Alexandra García Zapata encarna al nuevo personaje. Es una silletera del corregimiento de Santa Helena (Medellín) que siembra y comercializa flores.

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Pocos días después de obtener el título como ganadora absoluta del Desfile de Silleteros de 2007, un cliente se le acercó a Nelly Alexandra García Zapata. En su puesto de venta de flores, papas y legumbres en Medellín, el personaje le dijo que tras el triunfo él pensó que jamás la volvería a ver en el lugar.

Al recordar la anécdota, Nelly sólo atina a insistir en que debe mantener los pies sobre la tierra. “Hay que seguir trabajando. Es muy importante mantener la humildad y por eso la gente me apoya, porque a uno no se le puede subir el ego”.

La afirmación llega en un momento clave en la vida de esta antioqueña de 29 años, quien desde este mes se convirtió en la imagen que representará a los floricultores del país, pues es la mujer que encarnará el papel de María Flores.

La iniciativa es del Grupo de Exportadores de Flores y Floricultores Asociados (Geffa), y de acuerdo con su gerente, Luis Fernando Rada, la idea es hacer de María Flores un ícono similar al que representa Juan Valdez para los caficultores. Más allá de los tradicionales cánones de belleza del 90-60-90, el propósito  era elegir a una mujer carismática, entre 25 y 35 años, y conocedora del mundo de la floricultura.

Las condiciones le cayeron como anillo al dedo a Nelly, una mujer que desde niña empezó a cultivar y a participar en los desfiles de silleteros junto con su madre, Bertha Zapata, una de las pioneras de este evento.

Nació y creció en la vereda Piedra Gorda de Santa Helena, un corregimiento donde Medellín deja de ser una urbe gris para convertirse en verdes campos de diferentes tonalidades. De allí, año tras año en agosto bajan al centro de la ciudad decenas de cultivadores de flores con sus silletas a la espalda.

Se siente orgullosa de la herencia que le ha dejado su familia, es la menor de cinco hermanos y desde los ocho años se interesó en este mundo multicolor de lirios, rosas, cartuchos, gerberas y gladiolos.

Esa mezcla de colores le permitió ganarse el título del año pasado en el desfile de silleteros. Su participación en esta actividad la ha llevado por países como Japón, Reino Unido, Venezuela, Ecuador y Estados Unidos, donde ha podido dar “a conocer la belleza de las flores colombianas”.

De sus viajes recuerda el desarrollo tecnológico que presenció en Tokio, donde “las puertas de los taxis se abren automáticamente”. De ese mismo lugar no olvida que fue donde se comió el pollo más caro de su vida. Un cuarto le costó $55 mil.

Además del carisma y del conocimiento que tiene sobre las flores, la perseverancia fue otro de los factores que le permitió a Nelly convertirse en María. A los 16 años fue madre, desde ese momento se empeñó en enseñarle a su hija Carolina todas las técnicas de la floricultura, pero además decidió que quería terminar sus estudios.

Su hermano Ramón Emilio, que heredó el puesto de flores que doña Bertha siempre tuvo en el cementerio Campos de Paz, de Medellín,  dice que esa característica es una de las que más admira de su hermana. “En pocas palabras es muy echada pa’delante”.

Nelly logró obtener el título de bachiller y años después ingresó a estudiar tecnología en sistematización de datos. El año pasado se graduó, después de tres años en los que en ocasiones sólo podía dormir una hora en la noche.

Los sábados son sus días más pesados. Como lo viene haciendo desde hace 19 años, a las 12:30 de la madrugada ya está en pie. Todo para empezar a atender su puesto en el segundo Parque de Laureles, desde las 4:30 a.m. “Mucho del surtido lo sembramos nosotros en la finca”, explica al referirse a los cartuchos o la papa negra.

Desde que la nombraron como la nueva María Flores, Nelly se levanta con tres cosas claras en su mente. Que desde ahora representa a los floricultores de todo un país, que debe concluir la casa que construye con su esposo y que debe sacar adelante a sus dos hijas: Carolina, de 12 años, y Juanita, de tres semanas.

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La hija mayor explica que admira a su madre y que le agradece por enseñarle los secretos de las flores, por eso no duda en afirmar que le inculcará a la recién nacida “ hacer silletas como un berraco”. Carolina ya lo asumió y por eso ya participa en el desfile de silleteros en la categoría júnior. La tradición continúa.

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