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“Santos de mi elección”

Lorenzo Madrigal
14 de noviembre de 2010 – 09:56 p. m.

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QUIENES VIMOS EL REPORTAJE DE Globovisión encontramos a un Uribe remozado, más llenito en sus carnes (y huesitos), pero igual de reticente, montador de la palabra y malhumorado.

Se supone que el medio que lo entrevistaba, acosado por el oficialismo chavista, no iba a faltarle a Uribe, como para que el rival del dictador venezolano estuviera, como estuvo, tan prevenido frente a la reportera. Había que verlo, no dejaba hablar, invadía el diálogo si la pregunta le parecía impertinente y llegó el momento en que le preguntaron lo obvio, su opinión sobre Santos: “¿Este Santos es de su devoción?”, a lo que respondió: “No, de mi elección”.

El subconsciente traicionó al Núñez de nuestro tiempo, que pretende, como aquél, gobernar en cuerpo ajeno. “De mi elección”, como quien dice: yo lo elegí, con mis votos está donde está, yo quise que él fuera mi sucesor. Esto último no es tan cierto, toda vez que su candidato hubiera sido otro más sumiso, de su factura personal, más de sus afectos, como decir un Óscar Iván Zuluaga, un Uribito, un Rivera, o alguno o alguna más, pero de su cuerda.

Santos ha podido ser rebelde al uribismo en gran medida: las relaciones exteriores, en especial con Venezuela; los nombramientos en Interior y Agricultura, y ahora la terna para elegir fiscal, entre otros temas; igualmente ha mostrado diferencias de estilo y trato con los magistrados y la prensa.

Uribe se siente todavía gobernando, como Núñez lo hizo en cabeza de don Carlos Holguín y de don Miguel Antonio Caro. Tiene Uribe a Juan Lozano, presidente de la U, como su vocero inconforme. De ahí que la reunión de Guaymaral forzara una rectificación, pero al mismo tiempo produjera la noticia más sorprendente: La U adhiere a Santos (!).

El ex presidente será actor perenne de la política y no lo veo en la Alcaldía de Bogotá. No es para él. La ciudad clama por un salvador y para muchos, que lo adoran, éste sería el hombre ideal. Pero no. Eso de regresar, a la manera del romano Cincinato, a posiciones inferiores no es de un tipo como Uribe, insaciable de poder.

Con su alta favorabilidad, el ex mandatario se reserva para la suerte mayor: una Constituyente que habilite la tercera candidatura a la Presidencia o bien, un Acto Legislativo, en fin, cualquier cosa equivalente a la reforma del articulito.

Para alcalde ya mencionó, como quien no quiere la cosa, al concejal Carlos Fernando Galán (entiendo que es de Cambio este meritorio sardino, que despertaría celos de la U, de Juan Lozano, ya probado para la Alcaldía). La Esfinge dejó caer su nombre con aquel desgano con que López formulaba su inescrutable pregunta: Si no es fulano, ¿quién?

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