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EL EGOÍSMO Y LA INSOLIDARIDAD se han puesto en evidencia por parte de las regiones beneficiadas con las regalías que dejan el petróleo y el carbón.
Eso de desatender la suplica de aquellos departamentos que urgen recursos para sus necesidades básicas es una conducta antipatriótica y malagradecida. La gran torta debe repartirse entre todos los colombianos y craso error el de aquellos que permitieron la inequitativa ley de beneficios casi que exclusivos para aquellas tierras bendecidas por la pacha mama.
Se habla de pataletas de congresistas y diputados de los departamentos que reciben bocanadas de millones y que los despilfarran alegre y dolosamente porque, la verdad, no se les ve el progreso ni el desarrollo ni mucho menos mejoramiento de la calidad de vida de sus electores. En tanto, hay otros lugares en la pobreza y la miseria que no tienen recursos para al menos sobrevivir y a los que esos dineros —bien manejados, con pulcritud y eficiencia— mucho les servirían.
Pero no, la consigna es “que se jodan los otros”, como vociferó un politicastro de alguna región petrolífera ante un reportero de radio que le increpó por su falta de solidaridad. ¿Habrase visto tal actitud?
No hay que desconocer el derecho de preferencia que deben tener las regiones extractoras de tan valiosos recursos, pero por favor, no todo para ellas y eso es precisamente lo que en buena hora con tesón y sana lógica propone el alto gobierno.
Si queremos una patria más justa y equitativa, debemos precisar que Colombia es una sola y que ese seudofederalismo que se proponen imponer los radicales es lo que lleva a las divisiones y a los enfrentamientos entre los connacionales.
Ojalá que se llegue a un gana-gana en el que ninguno pierda y por el contrario esas bonanzas del petróleo y el carbón —fruto de las entrañas de la tierra— se repartan con criterio nacionalista y se extiendan por todo el territorio patrio.