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EL PAPA VISITÓ LA SEMANA PASADA a España, que fue el mayor propagador de la fe cristiana y del catolicismo en el mundo.
La visita a la tumba del apóstol Santiago en Santiago de Compostela y a Barcelona para consagrar como Basílica la Sagrada Familia tuvo numerosos sinsabores e incidentes que deberían llevar a la reflexión al Papa y la Iglesia.
Y es que el Papa llegó cuestionando, criticando y regañando, en vez de conquistar a los españoles en un contexto de nuevas realidades. Fue así como en las primeras declaraciones se refirió a España como un país laicista que se parecía a la de los años 30 de la guerra civil española, lo que fue seguido de declaraciones sobre el papel del Estado y de homilías en las que se refirió a la necesidad de proteger el matrimonio natural y el papel secundario de la mujer que, según él, debe ser apoyada para su realización en el hogar y en el trabajo.
Aunque existe fervor, los españoles acudieron al encuentro con el Sumo Pontífice en menor cantidad de la esperada, pues la Iglesia se aleja cada vez más de sus fieles con su doctrina de ultraderecha y su alejamiento de las realidades del mundo en que vivimos. Entiendo la necesidad de referentes en principios y valores para vivir en sociedad que, por lo demás, permite la educación de las nuevas generaciones, pero es necesario tener una doctrina más acorde con los tiempos de hoy. En este sentido, por ejemplo, la Iglesia ha sido laxa y comprensiva con los curas pederastas, a quienes no sólo les gustan los menores de edad sino aquellos del mismo sexo, pero a su vez crítica y condena las relaciones de homosexuales. En este tema de los abusos de los curas la Iglesia ha sido particularmente débil, por lo que mucho convendría establecer castigos fuertes no sólo para quienes son hombres sino representantes de Dios en la tierra.
Igualmente el cuestionamiento del papel del Estado tuvo una rápida respuesta del presidente Rodríguez Zapatero al recordar que España no es un Estado confesional, pues los españoles tienen el recuerdo de la Iglesia cercana a la dictadura franquista.
La visita dejó entonces la idea de una Iglesia vieja, con una doctrina poco renovada y con un líder que ejerció como presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo que se asemeja a la odiosa Inquisición de antaño. Creo en la importancia de la Iglesia, pero es necesario reflexionar sobre el camino que ha tomado.