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La igualdad os hará libres

Un reconocido activista explica la importante decisión que tomó la Corte Constitucional hace cuatro días, en la que eliminó la discriminación contra las parejas del mismo sexo para aplicar como familia a la adopción de niños.

Mauricio Albarracín
05 de noviembre de 2015 – 09:33 p. m.
Un grupo de manifestantes a las afueras de la Corte Constitucional. / EFE
Un grupo de manifestantes a las afueras de la Corte Constitucional. / EFE

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El miércoles 4 de noviembre de 2015 será recordado como un gran día para la igualdad. La Corte Constitucional, en una mayoría de seis votos contra dos, eliminó la discriminación contra las parejas del mismo sexo para aplicar como familia a la adopción de niños. No fue una decisión fruto de la casualidad ni un regalo de la Corte. En los últimos 25 años hemos discutido en nuestra vida cotidiana y en la Corte sobre el reconocimiento de los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y personas trans e intersex (LGBTI). La decisión del miércoles nos devuelve aquello que el prejuicio nos arrebató.

Gerardo Córdoba vivía con su mamá en un inquilinato de la ciudad de Pasto. En agosto de 1989 se hospedaron allí un hombre y una mujer que tenían a una bebé recién nacida. La pareja pidió a Córdoba que cuidara la niña por unos días, pero nunca regresaron. Le mandaron la razón de que “no querían ni podían criarla”. Así empezó una relación filial entre Gerardo y la niña, ella lo llamaba papá Gerardo. Con sus pocos recursos, la crió durante dos años. Le dio el amor que sus progenitores le negaron. La inscribió en el registro civil con su apellido y el de su compañero, Fidel Martínez. En 1991, el año de nuestra Constitución, Gerardo se acercó al ICBF a solicitar la adopción.

Sin embargo, Gerardo era un hombre pobre que vivía en condiciones difíciles con dos personas a su cargo: su mamá y su hija. Por eso, el ICBF en 1994 le quitó a la niña y Gerardo interpuso una acción de tutela para no perderla. El magistrado Carlos Gaviria estudió el caso y consideró que el ICBF analizó sus condiciones económicas y que no se trataba de un caso de discriminación por su orientación sexual. Gaviria escribió en su ponencia original: “negarle a una persona la posibilidad de adoptar o cuidar a un niño, por la sola razón de ser homosexual, constituiría ciertamente un acto discriminatorio contrario a los principios que inspiran nuestra Constitución”. Los otros dos magistrados le hicieron quitar esa frase de la sentencia T-290 de 1995, pero lo que ayer fue una aclaración de voto de Carlos Gaviria, esta semana la Corte lo estableció como derecho vigente. Gerardo Córdoba perdió a su hija por ser pobre y Carlos Gaviria perdió su primera batalla por la igualdad por ser voz minoritaria. Ellos son los grandes inspiradores de la lucha por la familia de parejas del mismo sexo: Gerardo por reclamar su derecho y Gaviria por escucharlo.

La historia legal contra la discriminación de las personas LGBTI está llena de personas anónimas, organizaciones, activistas y jueces. Es la narrativa de una lucha permanente por reafirmar que somos dignos e iguales. Dos audiencias públicas en el Palacio de Justicia son símbolos de esta historia. En 1998, por iniciativa del magistrado Alejandro Martínez y su despacho –donde era magistrado auxiliar Rodrigo Uprimny–, la Corte escuchó en audiencia al movimiento LGBTI para que opinara sobre una norma del estatuto disciplinario de los profesores, que sancionaba el “homosexualismo”. Fabiola Espitia, una maestra y activista lesbiana, fue con máscara a dar su testimonio. El mensaje era claro: la ley no le permitía actuar con autenticidad. En una sentencia memorable, la Corte declaró inconstitucional esa norma y se inició un firme camino hacia la igualdad.

En agosto de 2015, el movimiento LGBTI y la Corte Constitucional se volvieron a encontrar. Esta vez, la situación era distinta. Con la cara descubierta y la frente en alto, fuimos a la Corte a defender el derecho a constituir una familia en contra de los ataques del procurador. La Corte escuchó atentamente. Nosotros reclamamos nuestro derecho, pero ya no estábamos solos. Ese día nos encontramos con amigos y aliados. Desde sus oficinas y casas, miles de personas seguían la transmisión por internet y televisión. Ese día, muchos entendimos que la igualdad estaba cerca. Los argumentos jurídicos eran irrefutables, los opositores eran más moderados de lo que imaginamos y el respaldo de una sociedad incluyente se sentía con fuerza.

Pero también hubo gente valiente que no podemos olvidar, porque fueron capaces de dar la cara para defender sus familias. Chandler Burr, ciudadano estadounidense que adoptó a dos hermanos, fue el primero en dar una batalla para que no le quitaran a sus hijos. Chandler hizo el proceso de adopción y, una vez el ICBF supo que era gay, intentó quitárselos y por supuesto la Procuraduría hizo eco de esa acción. Por fin, esta familia fue protegida por la Corte Constitucional en una sentencia del magistrado conservador Jorge Pretelt. El debate que abrió el caso de Burr hizo que dos mamás lesbianas, Ana Léiderman y Verónica Botero, dieran la cara para que se permitiera la adopción de sus hijos que fueron producto de inseminación con asistencia científica y sólo son reconocidos como hijos biológicos de Ana. También dieron una batalla titánica contra la Procuraduría y la ganaron en la Corte. Con una sentencia de la sala plena de la Corte, escrita por el magistrado conservador Luis Guillermo Guerrero, se reconoció su derecho a aplicar a la adopción de sus propios hijos. Estas familias abrieron el camino para que la Corte diera el paso final de esta semana. Hay cientos de historias íntimas que explican este cambio y dan sentido a la más reciente decisión de la Corte.

Quienes se oponen a la igualdad dicen que unas pocas personas decidieron por la mayoría. Argumentan también que esto no es democrático y que es una “dictadura” de la Corte. Tal vez ellos ignoran que estas luchas democráticas son mantenidas por familias, amigos, hijos, hermanos, vecinos, compañeros de trabajo y comunidades, incluso por personas cercanas a los propios opositores, porque esta causa congrega a personas de todas partes, clases sociales e ideologías políticas que aman y son felices de múltiples maneras. La falta de sensibilidad de los opositores les impide ver que la Corte reparó las vidas que la discriminación lastimó. Una reparación legal que fue antecedida por cambios en las mentes y corazones de quienes creemos en la igualdad.

El procurador general reaccionó agresivamente: “Estamos ante una degradación moral sin precedentes”. Esta retórica incendiaria representa el profundo prejuicio contra las personas LGBTI. Por su parte, los obispos enfurecidos anuncian la desobediencia civil al derecho injusto. Por otro lado, los senadores de iglesias cristianas promueven un referendo para agitar la homofobia, según dicen ellos “de la mayoría”. Hacer una cruzada de odio contra un grupo es una gesta destinada al fracaso, porque siempre terminará dañando a gente que amamos y que está muy cerca de nuestro corazón.

La Corte dignificó nuestras vidas y reparó el dolor de una historia de discriminación. Por eso, nuestra alegría es una liberación que nos hace más humanos. El guardián de la Constitución dijo en la decisión de esta semana: “La Corte quiere resaltar que las dudas y los temores acerca de si la sociedad está preparada para asumir esta decisión no se disipan negando una inocultable realidad, sino enfrentando sus desafíos”. Queridos opositores: calmen su retórica de odio, porque estoy seguro de que con el tiempo la igualdad os hará libres.

* * *

La otra cara del fallo de la Corte

Los derechos de los niños a tener una familia fueron la principal motivación para que Sergio Estrada, abogado paisa de 34 años, interpusiera la demanda que el pasado miércoles generó el histórico fallo de la Corte Constitucional de avalar la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo.

“El motivo principal de la demanda surgió en 2009, cuando leí una investigación que se titulaba ‘País de huérfanos’ y en la que se advertía que más de 800 mil niños vivían en condiciones de abandono”, señaló Estrada

“Me llamó mucho la atención que la Constitución habla de la protección a los derechos de los niños, pero la sociedad lo hace de una manera incoherente porque, con las decisiones tomadas, se les estaba negando tener una familia”, añadió el jurista, a quien la noticia lo tomó por sorpresa.
 

* Investigador de Dejusticia.

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