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El Gobierno del primer ministro Tony Blair destacó en el primer dossier con el que justificó la guerra en Irak que el ex presidente iraquí Sadam Husein podía lanzar un ataque nuclear en 45 minutos para añadir "un poco de color", según describió un antiguo alto cargo gubernamental.
El que fuera coordinador de seguridad e inteligencia entre el 2002 y el 2005, David Omand, reveló además que el Comité Conjunto de Inteligencia (JIC, organismo intergubernamental que asesora en esas cuestiones) advirtió en varios informes a Blair entre marzo del 2002 y febrero del 2003 que una ofensiva contra Irak aumentaría el riesgo de ataques de Al Qaeda en Occidente.
Omand declaró a la comisión que investiga la guerra del 2003 contra el país árabe que incluir la controvertida afirmación de los 45 minutos entre los argumentos para la acción militar "fue un gran error" que él mismo no supo apreciar a tiempo.
Explicó que ese dato surgió "a última hora" y seguramente se incluyó en el dossier hecho público en septiembre del 2002 por ser una de las pocas concreciones que aportaban los servicios secretos, que preferían las generalidades a dar detalles.
"Al menos era algo que los servicios secretos dejaban utilizar", dijo Omand quien explicó que "en retrospectiva, uno puede ver que añadir un poco de color de esa manera era buscarse problemas, pero no nos dimos cuenta en ese momento".
Lo que también perjudicó al Gobierno sobre ese dossier es que Blair lo prologó diciendo que la información aportada en él por los servicios secretos permitía establecer "más allá de cualquier duda" que Husein tenía armas de destrucción masiva, lo que acabó demostrándose falso.
Omand admitió que fue un error permitir que el entonces primer ministro se mostrara tan taxativo, pero precisó que el prólogo se les había mostrado a los miembros del JIC por separado del dossier y en ese momento no se le prestó mucha atención.
"Lo hizo circular el presidente del Comité Conjunto de Inteligencia (John Scarlett) a miembros del mismo a última hora. Lo obtuvo, creo, de Alastair Campbell (jefe de comunicación de Blair) y lo mostró por el JIC", explicó el testigo.
"Mi recuerdo es que no presté mucha atención a esa parte del mismo (la que afirmaba que no había dudas de la existencia de las armas), lo que fue un error. No fui capaz de detectar el problema potencial que surgiría", añadió.
Omand también reconoció que fue una equivocación permitir que se utilizara el resumen de lo que el JIC tenía con relación a Irak para justificar la decisión del Gobierno de atacar el país árabe.
"No apreciamos los problemas potenciales que eso nos acarrearía. No recomendaría volver a hacerlo", afirmó.
Sobre la advertencia del peligro de que un ataque contra Irak incrementara la amenaza de Al Qaeda, el alto funcionario dijo que Blair estaba determinado pese a todo a seguir adelante con su idea de declarar la guerra.
"Sé exactamente lo que hubiera dicho: ‘Sí, es un riego que tenemos que asumir’. Sabíamos que sería un riesgo adicional pero eso no pesó más que el objetivo político que él tenía en mente", manifestó.
Omand también criticó al servicio de espionaje exterior MI6 por no revisar sus datos sobre las armas de Husein cuando en enero del 2003 los inspectores de la ONU estaban diciendo que no había.
"No se les pidió y no hubiera sido bienvenido", dijo el testigo, quien acusó a esos servicios secretos de haberse acercado demasiado a Blair y de "generar" información para ayudarle en el caso de Irak.
Durante su declaración ante la comisión, Omand se distanció además de otro dossier publicado por el Gobierno en febrero de 2003, poco antes de atacar Irak, conocido en el Reino Unido como el "dossier dudoso" por el origen poco fiable de su contenido.
El responsable de coordinación de seguridad e inteligencia indicó que, a diferencia del documento del 2002, que contenía información recabada por los servicios secretos, el del 2003 fue elaborado por Alastair Campbell.