Maniobras de alto riesgo en vías del Catatumbo

Conductores y pasajeros exponen sus vidas en algunos pasos obligados en la región del Norte de Santander, donde tramos de vía requieren de puentes. En uno de los puntos más críticos se optó por un ferry.

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En tiempo seco el viaje por vías del Catatumbo podría no presentar ningún inconveniente, pero cuando llega la temporada de lluvias los trayectos se duplican y se convierten en toda una travesía. La razón: el estado de la vía sigue siendo malo, salvo algunos kilómetros en mantenimiento con recursos que los mismos campesinos consiguen a través de peajes autorizados por la misma comunidad.

Hay quienes aseguran que en los años que llevan en esas tierras nunca han visto una máquina haciendo arreglos. “A veces deja uno de comprar un kilo de arroz para dar la plata para arreglar la carretera”, dice un líder comunal.  Los viajes para los habitantes de la región tienen contrastes notorios, unos tramos en buen estado y otros donde el desplazamiento se vuelve un desafío. Puntos regulares pero transitables, otros en buenas condiciones y otras donde definitivamente  el recorrido se convierte en odisea. Motos y carros enterrados en el fango intentando superar el obstáculo que generan las lluvias.

Y es que las buenas intenciones se han quedado en eso. Más de dos años lleva la construcción de un puente en el municipio de El Tarra y que sería el reemplazo de Puente Rojo, una estructura que por años permitió el paso entre el Catatumbo medio y bajo. Pero el tiempo ya le pasó  factura y hoy en día Puente Rojo pende de un hilo. 

No obstante, mientras que los trabajos en la moderna obra están paralizados, los conductores de vehículo liviano se exponen cruzando el deteriorado  puente que literalmente  “está quebrado”. Sin embargo, no deja de prestar el servicio a los más osados conductores de carro y moto.

Pero el espíritu temerario va más allá pues hay transportadores que toman el lecho del río Tarra como vía alterna desafiando la corriente atravesando un considerable trayecto. Entre tanto, se está a la espera que se supere un litigio que se creó con algunos propietarios de viviendas ubicadas en un extremo por donde está trazado el  nuevo puente.

Pero si en El Tarra la situación es complicada, no menos lo es para los habitantes de  su corregimiento Filo Gringo. El drama es la constante para quienes tiene  que movilizarse o sacar sus productos. El Espectador fue testigo del padecimiento por la falta de una carretera digna.

Mientras que un banco de maquinaria reposa desde hace más de un año en la vereda Buenos Aires, hay puntos  donde el paso se convierte en un martirio.

Entre esos vaivenes, este medio llegó a la vereda Buenos Aires, donde decenas de familias luchan por salir adelante con sus cosechas, pero a la hora de sacarlas se encuentran con los escabrosos obstáculos que ofrece el carreteable.  Motos con sus motores a fondo lidiando con el fango, y conductores que nada pueden hacer por sus carros y se entierran en el barro.

En este momento empieza una de las duras tareas donde se ven manos solidarias para poder rescatar los vehículos del lodo.  Una vez superado este obstáculo viene otro natural ofrecido por las fuertes corrientes del río Catatumbo.  Para contrarrestarlas, los mismos campesinos encontraron la forma de hacerle el quite al abandono estatal.

La solución es hacerse a los servicios de un ferry, una maltrecha embarcación  con la que decidieron unir la vía. Eliécer Vivas, presidente de la Asociación de Juntas de Acción Comunal de Filo Gringo, recuerda que ante la imposibilidad de que los gobiernos les construyeran un puente para tener acceso entre  veredas e incluso llegar a municipios como San Calixto y Teorama  decidieron reunir recursos y comprar un ferry.

Por medio de esta rústica embarcación pasan vehículos con carga de orilla a orilla siendo este el momento más complicado del recorrido; luchar contra las aguas para atravesar el río que en sus momentos más corrientosos ha ganado la lucha a los improvisados operarios y se ha llevado carros cargados mientras los campesinos ven como sus esfuerzo se va río abajo. El procedimiento es aparentemente sencillo. El conductor sube el carro al ferry con todo y carga. Luego desde la otra orilla tres hombres empiezan a tirar de una cuerda que está atada al remedo de buque mientras que del otro, otras tres personas van soltando lazo. Así lo dirigen a pulso hasta ponerlo en el otro costado.

Esta maniobra no solo alarga en tiempo el recorrido sino que también afecta el bolsillo de la gente, pues el paso en el ferry tiene un costo considerable. Ahí las cuentas ya empiezan a dejar saldos negativos pues cada paso, según el tamaño del automotor, se cobra entre 10 y 30 mil pesos. Dineros que son invertidos en el mantenimiento de vías y la misma embarcación.

Motos y carros que recorren estas carreteras requieren de un motor con potencia, de lo contrario ahí se quedarían anclados en el fango. Allí  lo que se ve es grupos de hombres dispuestos a ayudar y dar gritos de victoria al sacar del barro sus vehículos y cuando logran atravesar el río sin contratiempos.  

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