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No basta sacar pecho ante el nuevo guarismo de desempleo en septiembre (10,6%) que, aunque cuantitativamente muestra mejoría, en lo cualitativo sigue evidenciando debilidad ante la creciente informalidad.
Sin empleo no hay estabilidad económica que nos haga felices, ni crecimiento que satisfaga nuestras necesidades.
Lo peor es que a futuro el tema del empleo tiene fuertes amenazas: la revaluación del peso y la concentración de actividad económica en actividades intensivas en capital y no en mano de obra, tales como hidrocarburos y minería.
Por ejemplo, hasta agosto de 2010, el 64% de las exportaciones son de minería e hidrocarburos, sumando petróleo, carbón, derivados del petróleo, oro y ferroníquel, y, si quitamos café, flores y banano, las demás exportaciones se reducen a sólo 25%, algo deplorable después de tantos anuncios de diversificación y búsqueda de mercados y en momentos en que se necesita que las exportaciones no tradicionales crezcan para generar empleo formal. Y todavía hay quienes creen que la llamada enfermedad holandesa es sólo un fantasma académico.
Lo anterior refleja el nuevo modelo de producción y acumulación de capital en el país, donde el sector de materias primas no renovables será explotado al máximo, en momentos en que la demanda internacional por este tipo de bienes parece insaciable.
El reto gubernamental es sembrar la nueva bonanza en tierra fértil y para todos, no para la mayoría, y repito: para todos. Por eso es lamentable que, en el proyecto de regalías, además de no contemplar aumentar los impuestos a la extracción de materias primas no renovables, se permita que el lobby de grupos de interés vulnere los principios de equidad que deben predominar en la repartición de esta extinguible riqueza nacional.
En la Bolsa el 50% del volumen negociado se concentra actualmente en sólo tres acciones: Ecopetrol, Pacific Rubiales Energy y Canacol, dedicadas al negocio petrolero. El resto de negocios se lo reparten cerca de treinta y tres empresas de sectores diferentes.
Por el momento, la bolsa cada vez reflejará más la nueva realidad, y lo importante es que quienes no estén en la “rosca petrolera” también tengan oportunidad de generar valor y empleo, de lo contrario esta “bonanza” nos puede dejar un guayabo negro.