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Fantástica rutina

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Andamos corriendo detrás de las ilusiones cuando de tarde en tarde vuelan dragones y las libélulas se juntan para hacerles venias a los vientos del Sur.

Colada entre los oficios, la fascinación por lo exótico, lo extraño y lo inaudito se convierte en el matiz de los días. Cada café revuelve su nueva utopía y le hace muecas a los traspiés de un mundo real.

Sin duda, para cada cual, lo irrealizable y lo inimaginable están siempre anudados a la pijama. Los besos de las medias mañanas son meras escapatorias a la monotonía de un destino común y corriente porque, con lo uno y con lo otro, se le van haciendo nudos a un camino de pobrezas y riquezas, llegadas y despedidas, amores y desamores.

Por eso practicar o no una técnica de todas las que ofrece el yoga es sólo un paso de esas decisiones agudas que equilibra las dosis de poderes fantasmagóricos con el precario saldo de cualquier cuenta bancaria. Ajustarse a la más estricta indicación yóguica o imaginar colores y jardines espectaculares de mundos interiores son parte de las herramientas para vivir el día a día. Pero, más allá de las visiones de santos, el yoga sugiere dos simplezas: identificar el ritmo de la respiración y mantener esta práctica todos los días.

Así, la rutina y el ritmo cotidiano se convierten en un tesoro que trasciende la complejidad de cualquier magnificencia. Para un practicante de yoga, ser consciente de su respiración una vez al día es más que suficiente. Lo difícil está en mantener la destreza durante los meses sin excepción de clima, situación financiera, desajuste emocional, lugar o compañía.

De la práctica surge el maestro, dicen los refranes populares porque es en la conciencia delicada de un ritmo diario donde nacen los pétalos de las flores de colores brillantes para cada célula del cuerpo. Es desde la consciente atadura al hacer del instante donde se anida la más ferviente sensación de liberación. Es entre mercados y cenas, entre salarios y loterías y en el medio del ruido y de la infernal exigencia, donde se perciben los destellos de luz. Como en confabulación con cualquier revista femenina, el yoga instala en la rutina su más fantástica visión de un ser humano consciente, generoso y mejorado como si cada inhalación fuera su más preciado regalo para tejer el gozo de una vida simple.

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