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El desencanto y la oportunidad

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Si algo le debe Gustavo Petro a Nariño es la consolidación de su triunfo como presidente de la República, sin discusión. Por esta razón, tanto quienes votaron por él y quienes no lo hicimos abrigamos una gran esperanza de respaldo a la región. Y vinieron los nombramientos, entre los cuales estaba el del nariñense Romero como embajador en Argentina, como una especie de contentillo, y allí comenzó el desencanto. Cuando se esperaba que al otro día de su posesión hiciera un anuncio significativo para esta zona geográfica del país, el silencio de la ingratitud fue lo que más se sintió. Que ahora, por las circunstancias demasiado evidentes sobre la mala infraestructura en la zona de Rosas (Cauca) y las inclemencias del tiempo, tuvo que ponerse al frente de todo, es diferente. Lo contrario le habría acarreado un malestar social de incalculables proporciones.

Sin embargo, la respuesta no era el nombramiento de este o aquel en diferentes cargos, porque casi siempre eso solo sirve para completar cuotas políticas, mientras el departamento se queda mirando un chispero, como si una embajada o unos viceministerios fueran la solución de uno, siquiera, de los graves problemas que afronta Nariño. Después del 7 de agosto, lo que queríamos escuchar los nariñenses era el anuncio de una obra grande, ambiciosa, como la doble calzada que cubra el importante trayecto entre el puente fronterizo de Rumichaca y la ciudad de Popayán, sin reservas, sin tacañerías presupuestales, pensando en el futuro de un amplio espacio geográfico de Colombia donde la violencia siempre está de fiesta, y que por fin quedemos debidamente conectados con el resto del país. Esa sí que habría sido una alentadora y de inmensa gratitud con esta región que ha sido firme en sus convicciones políticas, contra viento y marea.

Ahora lo hace medio obligado. Se espera que la gratitud con Nariño le nazca desde lo más íntimo de su alma y que aquí se emocione con Aurelio Arturo, tanto como en Chile con Neruda, apoyando toda la infraestructura de carreteras que se necesita para evitar que la economía se deprima, que los violentos encuentren un caldo de cultivo para sus fechorías y que así llegue la paz total. Tiene una oportunidad el presidente Gustavo Petro. Es ahora o nunca.

Ana María Córdoba Barahona, Pasto

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