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En octubre de 1997 un comando armado de las FARC se llevó a Ruth Beatriz Castañeda Castañeda, una joven psicóloga clínica que trabajaba en una empresa de transporte en el municipio de bello, en Antioquia, muy cerca a Medellín. Desde ese día, hasta hoy, doña Dolly Castañeda lleva casi 20 años esperando volver a ver a su hija.
Ella es una de las miles de personas que fueron llevadas a la fuerza a las filas de las FARC y de quienes aún no se tiene ningún registro. Ruth Beatriz tenía 26 años, estaba soltera y se había especializado en psicología laboral en una universidad de Medellín.
Doña Dolly no pasa un solo día sin que piense en su hija y esperando a que regrese. Conserva intacto el cuarto de Ruth Beatriz, con todos sus muñecos, los santos y las vírgenes a las que tanto les reza hoy doña Dolly. No volvió a tener noticias de ella, luego de que el frente 34 de las FARC le exigiera para su liberación 600 millones de pesos, una cifra astronómica para sus pobres finanzas y que jamás pudo reunir.
“Verla y abrazarla, que si no pude pagar esa plata, no la he olvidado nunca. En ese sentido sí pienso que ser pobre uno aquí en Colombia es lo peor que nos puede pasar. Yo hubiera conseguido esa plata y tendría a mi hija. Es una ironía muy grande. Si uno no tiene plata no es nada, ni puede salvar a un hijo.”
Solo tuvo noticias esporádicas y muy cortas sobre la suerte de Ruth Beatriz. La primera de ellas fue cuando otro secuestrado que logró salir libre le confirmó que Ruth Beatriz estaba viva y que la tenían cuidando los niños recién reclutados por las FARC. Y la otra fue cuando liberaron al periodista francés Romeo Langlois y ella vio a través de una imagen en un noticiero de televisión a su hija uniformada, vestida de camuflado, con el brazalete de las FARC, pelo recogido hacia atrás y un par de aretes que eran los mismos que ella tenía cuando se la llevaron.
“Yo estaba viendo los noticieros, cuando vi esa imagen de mi hija ahí y yo creía morirme de la alegría, de verla ahí. Sabía que ese periodista la había visto y había hablado con ella. Busqué por todos los medios cómo hacer para hablar con ese señor. Hablé con el embajador de Francia y dijeron que me iban a ayudar. Y el periodista había dicho sí, que él había estado con esa muchacha. Que la había visto y que había hablado con ella.”
Es el mismo caso de Martha Lucía Duque, esposa de Jaime Silva, un abogado laborista, Bogotano, que trabajaba en la fiscalía. El frente 54 de las FARC lo secuestró en el Meta el 7 de septiembre de 2002. Desde ese día, ni Martha Lucia ni el resto de la familia volvieron a tener noticias de James.
“La Fiscalía empezó a hacer su investigación en su momento y pues, que haya durado un mes, dos meses o un año, no es suficiente tiempo para saber qué pasó. James había sido secuestrado por el frente 53 de las Farc, pues ellos iban a estar pendientes de cualquier llamada por si había una petición económica o algo, alguna llamada por parte de ellos, pero nunca existió una llamada. Nunca supimos nada.”
Estos son apenas dos casos de la extensa lista de secuestrados y desaparecidos que está en poder de las autoridades. Cómo ellos están en las mismas condiciones las siguientes personas:
Ismael Enrique Márquez, secuestrado el 11 de febrero de 1999. Era abogado y se lo llevaron en el centro de Bogotá. Alias Romaña está condenado por este caso.
Carlos Alberto Hernández, médico cirujano desparecido el 23 de noviembre de 1997 en Guamal en Meta.
Gerardo Alberto Arandia, geólogo de la universidad Nacional, secuestrado el 20 de julio de 2000 por la columna móvil Teófilo Forero. Tenía 34 años.
Daniel Velásquez, estudiante de ingeniería de sistemas de la universidad Javeriana. Desaparecido desde el cuatro de octubre de 2004.
Óscar Rosas. Secuestrado en Caquetá en diciembre de 1997.
Luz Estela Mavesoy Polanco. Ingeniera. Secuestrada el 15 de agosto de 1999 en Trujillo, Meta.
Cristiam William López Pedraza. Marinero segundo. 14 de febrero de 2011 en Putumayo.
Carlos Venacio Becoche. Abogado. Secuestra<do el 20 de septiembre de 2003 en Cauca.
Aldemar Rojas Soto, administrador de empresas, secuestrado el 26 de marzo de 2007.
Alexander Bayona Camacho. Estudiaba ingeniería ambiental. Secuestrado el 18 de marzo de 2000 en Palmira (valle)
Beto González García. Estudiante de tercer semestre de ingeniería ambiental. Secuestrado el 18 de marzo de 2000. Valle del Cauca.
Libardo Tavera Téllez. Abogado. Secuestrado el 10 de diciembre de 1998.
El secuestro de ellos obedecería a una estrategia del secretariado de las FARC de raptar a profesionales jóvenes de clase media y clase baja para que aplicaran sus conocimientos en las filas guerrilleras.
Eran los años 90 cuando este grupo guerrillero creció exponencialmente, pero con una falencia eminente, y era la falta de preparación académica e intelectual de su base, en su mayoría, analfabetas o con un muy escaso nivel educativo. Este contingente de profesionales entre quienes hay médicos, abogados, psicólogos, geólogos e ingenieros, habrían sido usados por las FARC para abrir caminos y carreteras, construir hospitales móviles en la selva, y hasta para la defensa jurídica de los miembros de las FARC que tuvieran apremios judiciales.
Saber dónde están estos cientos de hombres y mujeres desaparecidos por más de 10 y 20 años es un reto para el sistema judicial y así mismo un desafío para las mismas FARC que están en deuda con estas familias. Y tal cómo quedó consignado en los acuerdos de La Habana, existe el compromiso de las FARC y de todos los estamentos del estado, que la sociedad sepa de una vez por todas dónde están sus desaparecidos.