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Para quienes somos un tanto opacos, poco amigos de los festejos de año nuevo, del “faltan cinco para las 12”, de la euforia alcohólica, estos días han sido de cierre de los más elementales servicios; días de insufribles programas repetidos, como los de Semana en Vivo, los que a pesar de sesgados seguimos viendo, mientras su directora descansa. Días de sol a pleno tedio.
Volviendo a ver a Fajardo, reciclado, claro, me pongo a pensar cómo sería su gobierno, si Petro hubiera resuelto decapitar su derrotada precandidatura (ya en las encuestas derrotada, frente a Duque). En la entrevista repetida, de hace cuatro meses, Fajardo considera dubitativo al actual presidente y lo dice gesticulando entre un barullo de frases que terminan en las conocidas ballenas. Pienso que en un mandato suyo no variaría demasiado la incertidumbre, aunque dice tener experiencias de gobierno.
Al presidente Duque se le nota la improvisación, cómo no, y para colmo, se está ensayando de metepatista. Alguien debería estar a su lado previniendo salidas en falso, ya que tiene a su espalda a resentidos petristas, que no acaban de aceptar su derrota democrática, que lo asedian y están detrás de cada frase, de cada anécdota y quieren convertirlo en hazmerreír, en otro presidente Turbay Ayala, quien, por cierto y a la distancia histórica, me va pareciendo un hombre astuto y sagaz.
Imprudencia, como la que más y similar a la de ofrecer de entrada a sus electores un alza desmedida en la canasta de bienes y servicios, es la de instalarnos como hijos de Filadelfia y de la independencia americana, cuando nuestra revolución es genuinamente criolla y bolivariana. Y aclaro, no del Bolívar de Chávez, sino del auténtico, del que afincó en la Nueva Granada, es decir en Colombia, donde echó raíces, fue presidente, tuvo sede de operaciones, residencia y finalmente muerte, cuando buscaba refugio y mejor clima en nuestra Santa Marta, en el litoral.
No. Ni Washington, ni Jefferson, ni Franklin fueron fundadores en estos lares y si alguna tropa extranjera acompañó a Bolívar fue la llamada legión británica, de recuerdo heroico. De gringos pocón en nuestra historia republicana y el señor que aparece en los billetes verdes, referentes de conversión monetaria, no es propiamente padre de nuestra patria, pero ni siquiera fundador de la de allá, según el historiador Santos Molano.
Bueno, pero empieza el año. Era don Vicente, mi padre, quien comenzaba su retahíla de “este año morirán fulano y zutano y otro más”, y mi madre lo pellizcaba. Yo no tengo esa práctica o acabaría pellizcándome yo mismo. De otra parte, los periodistas no paramos. Pareciera que no pudiéramos dejar abandonado el mundo y que éste se viniera abajo sin nuestra colaboración y sostén. Mentira. Cuando no hay prensa, por lo general, nada ocurre y es el verdadero descanso.