
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Con el cuidado de guardar las proporciones de una tragedia como la que ocurrió el sábado en Mocoa, remitirse a lo que la prensa registraba en julio de 1974 da la sensación de estar revisando las páginas de los diarios de hoy.
El día 10 de ese mes, El Espectador destacaba en la tapa las graves inundaciones que se habían presentado en la intendencia del Putumayo (hoy departamento) por causa de la fuerte temporada invernal en la región.
El caudal del río Putumayo se desbordó y afectó a las poblaciones de Sibundoy, Santiago, Puerto Asís y gran cantidad de caseríos indígenas que estaban instalados en la ribera.
Las fuertes lluvias también provocaron deslizamientos de tierra que taparon las vías Pasto-Mocoa y Mocoa-puerto Asís.

Fue esta situación la que motivó al otrora director de la Defensa Civil Colombiana, brigadier general Jesús Jaime Rodríguez, a poner a consideración al presidente de ese entonces, Misael Pastrana Borrero, una directiva gubernamental para que se estableciera el plan de emergencias.
Tras las inundaciones, la Fuerza Aérea transportaba rescatistas y toneladas de ayuda, junto a los anuncios del Gobierno que señalaban que se prestarían todas las ayudas necesarias a los cerca de 2.000 damnificados.
Como hoy, hubo movilizaciones en todo el país para recoger ayudas en dinero y especie para enviar a la zona afectada por las aguas del Putumayo, al tiempo que se presentaban protestas por parte de la población de Puerto Asís por la demora en las entregas de comida, medicinas y ropa.
El hambre ya empezaba a sentirse, luego de que las autoridades señalaran que las ayudas no serían entregadas hasta que no se realizara un censo de damnificados. También empezaba el éxodo de centenares hacia sitios más seguros para esperar que bajaran las aguas del río Putumayo y poder volver a sus parcelas. Había temor por la posibilidad de que una nueva creciente volviera y empeorara la situación.
Cientos de hectáreas de plantaciones quedaron bajo el agua y dejaron en la ruina a decenas y decenas de familias.
La tensión por la entrega de ayudas en Puerto Asís empeoró con el pasar de los días y las autoridades redoblaron la vigilancia para evitar alteraciones del orden público. Esta situación motivó una pelea, casi que personal, entre el alcalde Rubén Rueda Sáenz y el párroco Mario Aristizábal, quien exigía que los alimentos se repartieran rápidamente a las personas damnificadas.

Seis días después, el 16 de julio, se anunció que la ministra de Salud María Salazar Bucheli llegaría al Putumayo para revisar el control de enfermedades. “No se ha presentado brote epidémico alguno gracias a la oportuna labor adelantada por los médicos de la seccional de salud”, señalaba la ministra.
Las aguas del río bajaban y el denso lodo se dejaba ver en la ribera, lo que dificultaba la labor de los voluntarios para llegar hasta los hogares afectados y entregar las ayudas. Por esas fechas, resultó electo como presidente de Colombia Alfonso López Michelsen, el primer mandatario elegido luego del Frente Nacional.
Las de julio de 1974 pueden ser recordadas como una de las inundaciones más fuertes que vivió el Putumayo, sin embargo, hay quienes recuerdan las ocurridas en la década de 40. También es común el registro año tras año de la inundación de cultivos en esta zona del país y hoy, 43 años después, el desbordamiento de los ríos sigue causando estragos en las poblaciones aledañas. Pero ningún hecho natural en el departamento tan catastrófico y con tantas víctimas morales como las que dejó la avalancha en Mocoa. Podríamos estar viviendo, como tantas cosas en el país, una película que se rebobina con escenas cada vez más lamentables.
