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Magangué: sed y agua

Adolfo Meisel Roca
15 de octubre de 2010 – 08:59 p. m.

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DURANTE LAS MAÑANAS DE LOS días de semana hay siempre mucha actividad en el puerto de Magangué.

Se embarcan y desembarcan productos que van y vienen por lancha de los pueblos cercanos que se encuentran a lo largo del río Magdalena. Magangué es la segunda población del departamento de Bolívar, y un buen reflejo del abandono en el que Cartagena siempre ha tenido al resto del departamento. Sí, hay mucha actividad, pero poca productividad. Por todos lados se ve gente cargando y descargando mercancías y, sobre todo, vendiendo, que es la ocupación más común de los lugareños.

A pesar de ser la segunda ciudad de Bolívar, la situación de Magangué en cuanto a cobertura de servicios públicos es deplorable. En el censo de 2005 se encontró que de todas las unidades residenciales censadas sólo 93,7% tenía energía eléctrica, 76,6% conexión al acueducto y 27,5% alcantarillado. Hoy la situación no es muy distinta, e incluso en algunos servicios parece haber empeorado.

Un detallado estudio de la Cámara de Comercio de Magangué, publicado en julio de 2009, encontró que en el casco urbano hay 2.125 vendedores ambulantes, 429 vendedores por catálogo y 390 vendedores de minutos de celular. La mayoría de estos trabajadores no tienen la primaria completa o como mucho terminaron su escolaridad en ese nivel. Todos ganan menos del salario mínimo. Los vendedores de minutos, que tienen los ingresos más bajos, devengan salarios mensuales que son menos de la mitad del mínimo legal.

Aquí en Magangué no es fácil que una laboriosa y amable vendedora ambulante tenga un buen ingreso. Cuando vaya a Magangué haga el siguiente ejercicio: cómprese un tinto, un patacho recién hecho y un pedazo de queso costeño. En el puerto ese delicioso desayuno vale 800 pesos.

La situación que vive Magangué con el suministro de agua corriente, porque no es potable, es increíble. En esta intensa temporada invernal la población, que está rodeada todo el año por agua por tres costados —el río, los caños y las ciénagas— ha sufrido la inundación de muchos de sus barrios más populosos. En este momento se encuentran inundados los barrios Primero de Mayo, La Esperanza, Nueva Colombia y partes del centro. Como si fuera poco, los “jarillones” que evitan el desbordamiento del río están a punto de romperse en varios lugares.

Pero la terrible paradoja es que la gente que vive en los barrios inundados de Magangué padece de sed. Esto en razón de que el pésimo estado en que se encuentra el acueducto municipal implica que hay racionamiento por sectores todo el tiempo y, en el mejor de los casos, los que reciben agua sólo tienen suministro durante seis horas al día. Por ello, se habían destinado unos recursos para la construcción de un acueducto que pudiera cubrir las necesidades del municipio. Sin embargo, el 4 de febrero de este año Caracol anunció que: “El ministro de Ambiente, Carlos Costa, aseguró que el Grupo Nule incumplió inversiones acordadas en el contrato para la construcción del acueducto de Magangué en el departamento de Bolívar”. ¿Cuánto tiempo más tendrán sus habitantes sed en medio del agua sus habitantes?

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