Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Después de lograr máximos históricos en septiembre pasado, el precio de las acciones en Estados Unidos cayó casi 20 % y arrancan el 2019 acentuando pérdidas y augurando graves problemas para la economía mundial.
Al tiempo que los inversionistas venden acciones se refugian comprando bonos del tesoro estadounidense, valorizado su precio, haciendo que sus compradores ya no logren rendimientos del 3,20 % anual en bonos con plazo a diez años, como hace cuatro meses, sino que se conformen con apenas 2,5 % de rendimiento anual.
Acciones a la baja y bonos con tasa de interés tendiendo a cero son síntomas de recesión. Japón sigue atrapado en tan indeseable combinación hace un cuarto de siglo. Trampa de la que Estados Unidos trata de escapar desde su crisis financiera de 2008 con elevado gasto público y alta emisión de dólares sin precedente por parte de su banco central, que llevó el costo del dinero casi a cero. Pero los flotadores fiscal y monetario se desinflan y el barco vuelve a hundirse.
El enfriamiento de China es inevitable, como lo prueba la estimación de menores ingresos de la gigante Apple Inc. por cuenta del declive de la demanda del gigante asiático, y sigue enfriándose también la demanda de materias primas como el petróleo, que se ha desplomado a precios de US$55 el barril, cuando en nuestro plan fiscal de mediano plazo se espera un precio promedio de US$67.
El hueco que abrirá, a partir del año 2020, la recién aprobada Ley de Financiamiento provocará por primera vez en los últimos 15 años un déficit fiscal primario, pudiendo precipitar la pérdida de nuestro grado de inversión.
Tal vez la ejecución en obras del elevado presupuesto de inversión aprobado para Bogotá pueda contrarrestar el declive en Colombia, mientras que en materia de infraestructura, aunque los desembolsos para asociaciones público-privadas han mejorado, siguen rezagados frente al cronograma por cuenta de la corrupción de Odebrecht y el Grupo Aval.
No estamos blindados y la improvisación, terquedad y falta de estrategia económica del actual Gobierno ha hundido la confianza del consumidor, mientras que las expectativas empresariales tratan de disimular mediáticamente su decepción, pero en sus presupuestos privados incluyen el pesimismo. Si la economía sigue cayendo, arrastrará mas al Gobierno, que parece no entender el enfermo contexto mundial.
@jrobertoacosta1 jrobertoacostaopinion@gmail.com