Las voces de la memoria

En la Filbo, el Museo de Memoria Histórica de Colombia da a conocer con una propuesta expositiva los lineamientos de un museo creado por voces para transformar a Colombia.

La Feria del libro recibe en el pabellón 20 la primera apuesta expositiva del Museo de Memoria Histórica de Colombia.  / Sandra Fernández
La Feria del libro recibe en el pabellón 20 la primera apuesta expositiva del Museo de Memoria Histórica de Colombia. / Sandra Fernández

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Un retroceso junto a miles de imágenes que se materializan luego de parpadear y observar cada elemento del entorno. Una remembranza capaz de abrir las heridas para curar, para enaltecer una voz que no queda enterrada como aquella persona amada y perdida entre las almas que partieron de su tierra por la injusticia; como aquel paraíso terrenal de sabiduría destruido y que deja un brote en pleno crecimiento que inicia de nuevo un ciclo sin fin. El agua representada por los ríos, su fluidez detenida y deteriorada va dejando secuelas en sus poblaciones vecinas; la tierra excavada y explotada en una guerra ajena tomada por el poder, y el cuerpo como víctima, como ser de resistencia que tras las huellas de una memoria tocada por el conflicto armado se personifica en las tantas voces que buscan una transformación desde su experiencia. Es así que estas voces finalmente encuentran un espacio, un modo de expresión que trasciende la catarsis para otorgarle al público visitante premisas de conformación del país, historias heredadas para no repetir y que desde el entendimiento se convierten en semillas para retomar la historia colombiana.

La Filbo recibe entonces en el pabellón 20 la primera apuesta expositiva del Museo de Memoria Histórica de Colombia, una experiencia que pone al espectador en los ojos de aquellos que la violencia ha tocado y así reconocer en las distintas regiones del país no solamente sus afectaciones y conflictos, sino los modos de resistencia que surgen como respuesta a ese país apaleado por la violencia. Un recorrido por rutas distintas, saberes materializados en elementos, mapas, sonidos, videos, imágenes y murales propuestos desde los testimonios vivos.

“La exposición está elaborada de manera que lo que ve el visitante es efectivamente las voces y las historias: estás oyendo a los Barí, estás oyendo a los jóvenes de Buenaventura y si eso lo empiezas a conectar con otras voces, es como si abrieras una puerta grande que te permite llegar a los mensajes de la exposición; partir de lo micro para llegar a unos problemas más gruesos sobre el conflicto armado”, explica Cristina Lleras, coordinadora de la exposición, titulada ‘Voces para transformar a Colombia’, un camino anclado a las vivencias que por años han venido recolectándose en polifonías que permitan una plena comunicación con el público, una ardua tarea que posibilita conocer el territorio, las causas del conflicto de determinado lugar y cómo este conflicto se ve conectado con otras regiones, haciendo un fuerte eco y construyendo grupos que defienden sus comunidades y territorios.

Es así que estas voces son conectadas en cada sala por unos ejes que pretenden ser la temática que solidifica estas narraciones y tal vez con el ánimo de exaltar tres de los elementos fundamentales que sobresalen dentro del conflicto colombiano: el agua, la tierra y el cuerpo. La apariencia de estos ejes se representa de manera poética, mientras que al ingresar en su interior nos muestran la resistencia y los hechos que marcan un cambio en un determinado territorio.

En el eje Agua podemos encontrar historias como la resistencia del pueblo de Buenaventura, ‘El pueblo no se rinde carajo’, con una representación de sus ríos principales en un mural que personifica a la madre naturaleza mientras en sus convenciones se encuentran coordenadas exactas en donde se asientan los grupos armados que se tomaron el territorio. En un punto del eje Tierra aparecen las voces de Puerto Guzmán Putumayo narrando lo que pasa luego de la fumigación de la coca con una afectación medio ambiental; aquí la mata de coca en el centro de la sala remitiendo a su conocimiento y su importancia como planta sagrada y no de carácter comercial; finalmente, en el eje Cuerpo, se puede visualizar una instalación con elementos que perduran en la memoria de la Organización Femenina Popular (OFP) en ‘¡Juntas e invencibles!’, proporcionando la noción de resistencia a través de la apropiación en espacios públicos por estas mujeres  que van en contra de la violencia.

“Los ejes son vehículos que permiten que si dentro de dos años hacemos una exposición que tiene los mismos ejes no tiene que tener los mismos contenidos, podemos seguir trabajando la relación entre los ejes, entonces nos daban cierta seguridad en el sentido de que podemos crear lo que en algún momento llamamos canastos en los que vamos a introducir historias pero que no son una camisa de fuerza; son problemas reales, la tierra, el cuerpo, lo medio ambiental, son problemas reales en relación con el conflicto armado, pero también permiten contar historias”, explica Cristina Lleras, porque son tantas las historias que albergarlas como entes individuales no daría un resultado sólido y de entendimiento, es por eso que paralelamente la exposición cuenta con un espacio interactivo que permite dejar huella de lo que al público le deja esta exposición. En el segundo piso, entonces, se cuenta con la documentación y el espacio de inmersión para dejar huella.

Es la voz de las víctimas, la voz de los grupos de resistencia y la voz del público, que conectan la noción expositiva que pretende fundamentar el museo, una acción colaborativa que replique, esto sin dejar por fuera la voz de las artes que se convierte en parte de las actividades paralelas en las que a través del teatro, la voz de escritores, cineastas y de artistas es revitalizada como una posibilidad de memoria conjunta. Actos como el de la artista colombiana Carolina Caycedo por la preocupación ambiental y social del río Magdalena, que hace un performance como homenaje a las prácticas de los pescadores. ‘Atarraya’ es un acto de resistencia que como lo dice la artista en el catálogo de la exposición: “el hecho de colaborar y trabajar con más personas es una forma de hacer ciudadanía. De tener un pie en la tierra. Siento la responsabilidad como artista de construir sociedad, desde lo que sé hacer que es crear imágenes”.

El guion museográfico de esta exposición pretende vislumbrar un primer brillo de lo que estará posiblemente para el 2020 en la sede oficial del Museo de Memoria Histórica de Colombia en la ciudad de Bogotá y que estará ubicado en la intersección de la calle 26 y la Avenida Las Américas.

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