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Las relaciones entre los presidentes de Perú, Alan García, y de Venezuela, Hugo Chávez, nunca han sido las mejores. De ambos lados vienen y van insultos. Uno de los más recordados fue en 2006, cuando Chávez llamó al peruano “bandido, corrupto y ladrón de cuatro esquinas”, y García calificó al venezolano como “un reyezuelo que desde el Caribe quiere tener a sus delegados y virreyes en Perú y Ecuador”.
Los mandatarios viven por estos días el segundo capítulo de la guerra de palabras que iniciaron entonces. Todo comenzó hace unos días cuando Alan García aseguró que Evo Morales era un títere de Hugo Chávez. Según el jefe de Estado, el boliviano recibe órdenes del venezolano para atacar a su país. A esto, el gobierno de Bolivia respondió a través del vocero presidencial, Iván Canelas, que era García quien recibía órdenes de Barack Obama para atacar a presidentes latinoamericanos. Ayer, el gobierno venezolano se unió a la polémica. En un comunicado de la presidencia, Chávez rechazó lo que calificó como “insolentes declaraciones”. Añade la nota que “sus palabras no sólo demuestran su sumisión a la estrategia de división de Suramérica promovida por las élites imperiales de los Estados Unidos, sino que corroboran su desprecio por la integración”.