Audiencias públicas, no lamentos

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Cuando Doris Salcedo recibió las armas depuestas por la antigua guerrilla de las Farc para construir con ellas un monumento, concluyó que lo indicado era hacer un contramonumento. Lo denominó Fragmentos. Y está a unas pocas cuadras del Parlamento colombiano, contorno este donde se traman diversas estrategias para que se cumpla con aquel premonitorio mandato: “Nada está acordado hasta que todo está acordado”, y transcurrido bastante tiempo, efectivamente, no todo está convenido, todo tiende a embolatarse y, valiéndose de ese esguince que dejó Santos, algunos quieren “hacer trizas la paz”.

En un folleto, que entregan a la entrada del nuevo escenario artístico, cuya portada es la imagen de un fragmento de los restos fundidos de aquellas armas, martillados por las víctimas de la guerra, nuestra artista nos indica que pretende acoger en ese espacio memorias antagónicas y generar una polifonía de voces discordantes, y convertir Fragmentos en un lugar donde sucedan diálogos difíciles y provocadores que convergen en múltiples contramonumentos cambiantes y vivos, para lo cual invitará cada año a un artista que presente su mirada e interpretación de nuestro pasado reciente, en el bien entendido de que el arte es una de las formas de pensamiento que tienen la capacidad de convertir la memoria en un proceso infinitamente inconcluso, pero además, al igual que el Acuerdo de Paz, nos permite pensar en una visión de futuro en la que los opuestos conviven y lo incompatible coexiste pacíficamente.

El complemento sensibilizador de esta escena es el documental que enseña desde su génesis, con la entrega de las armas, hasta convertirse en láminas martilladas por las víctimas, y puestas como tapete donde los visitantes podemos pisotear aquellas andanzas macabras.

Ojalá ese introspectivo espacio terrenal no se convierta en el único referente del proceso de paz que, contrariando los buenos propósitos de Salcedo, se erija en un monumento a los lamentos. Es importante que la visita de miembros activos de algunos partidos políticos que azuzan contra el proceso de paz y que son voces discordantes asuman esta nueva oportunidad humanística de los dolores de nuestro país, como parte del remedio necesario para calmar los males. Volver a armar esas armas es complicado; también que lo sean nuestras conciencias, antes perturbadas.

Qué bien le caería al país la realización de audiencias públicas en ese emblemático recinto, coordinadas y moderadas por personas como Piedad Bonnett, María Jimena Duzán, Claudia Palacios, Tatiana Acevedo, Rodrigo Uprimny, Ricardo Silva, Ramiro Bejarano, Jaime Arrubla, Juan Camilo Restrepo, Fidel Cano, Héctor Abad, Armando Novoa, María Mercedes Maldonado, rectores de las universidades públicas y privadas, etc., donde la ciudadanía debata las propuestas que disientan del Acuerdo de La Habana.

Mario Froilán Reyes Becerra

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