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Cartagena necesita un cambio contundente en su cultura política si pretende salir de la crisis en la que se encuentra. Ahora que el presidente Iván Duque tiene ante sí una terna para elegir al nuevo alcalde de la ciudad, quien sea elegido debe entender que los cartageneros están cansados de sentir que la corrupción es la norma, junto con la falta de planeación.
En los últimos seis años, Cartagena ha tenido diez alcaldes. Quien elija el presidente será el undécimo. Además, más de la mitad de los concejales están detenidos, la excontralora Nubia Fontalvo permanece en la cárcel, los grandes proyectos están estancados y, mientras tanto, la desigualdad no parece tener respuesta. ¿Cómo es posible que una de las ciudades más estratégicas para el país lleve tanto tiempo en medio del desastre?
La responsabilidad está en una clase política que no ha sido ajena a los escándalos. Por eso, el pasado 28 de julio, el entonces presidente Juan Manuel Santos dijo: “Quiero aclarar que no firmaré un nuevo decreto nombrando alcalde. En ocho años he firmado 14. Me da vergüenza”. Ese es el sentimiento que los líderes locales deberían estar experimentando.
El último escándalo es una síntesis de todo lo que ha venido funcionando mal en la ciudad. Antonio Quinto Guerra fue avalado por el Partido Conservador y, pese a que la Procuraduría anunció un mes antes de las elecciones que el político estaría inhabilitado, poco les importó. El resultado es que, a los pocos días de haber sido nombrado alcalde, fue suspendido de su cargo. Desde entonces la ciudad ha sido administrada en interinidad por Yolanda Wong Baldiris, a la espera de que el Gobierno nombre un nuevo alcalde.
Por cierto: ¿por qué, si los conservadores avalaron a un candidato con una inhabilidad denunciada, ese partido retiene el derecho de proponer la terna que lo reemplace? Eso fomenta la irresponsabilidad.
Otro punto llamativo de la elección que llevó a Quinto Guerra a la Alcaldía es que se trataba de unos comicios atípicos, convocados porque el anterior alcalde, Manolo Duque, tiene un proceso en contra por corrupción. Hubo una abstención del 77 % del electorado.
No exageran los cartageneros que sienten que todo anda mal en la administración de su ciudad. ¿Qué proponen los líderes políticos para sacudirse tantos escándalos? La pregunta sigue en el aire.
En todo caso, los conservadores enviaron una terna conformada por Antonella Farah (economista), Óscar Torres Yarzagaray (también economista) y Pedrito Pereira Caballero (exrepresentante a la Cámara). Entre ellos, el presidente deberá elegir a quien se encargue de definir el rumbo de proyectos pendientes en Cartagena que suman unos $1,5 billones.
Cartagena no puede seguir dando tumbos. Lo más angustioso es que, sin importar quién sea elegido, no parece haber muchas señales de un cambio en la manera como se viene manejando la política de la ciudad. Mientras la Fiscalía sigue en su proceso de destapar las “ollas podridas” de la Heroica, los ciudadanos se desinteresan de la política. Cifras del año pasado indicaban que el 29,1 % de los cartageneros viven en condiciones de pobreza y el 5,5 % en condición de pobreza extrema. No podemos combatir esa realidad mientras la política siga en el limbo.
¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com.
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