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El pasado 10 de diciembre, la primera sesión del nuevo Congreso argentino reveló cuánto habían cambiado las cosas en materia política durante este año. Por primera vez el kirchnerismo, la bancada oficialista, no era mayoría, y un hombre en particular seguía cobrando la victoria que meses atrás hiciera real en las urnas: Francisco de Narváez, la revelación política argentina, de origen colombiano, cuyo triunfo electoral agudizó el debilitamiento político de la pareja presidencial.
De Narváez se convirtió en el referente de la oposición. A pesar de ser considerado por sus contradictores como un novato en política, fue capaz de hacer trastabillar a los Kirchner en su deseo de seguir manejando todos los hilos del poder en Argentina. A pesar de tener tan sólo tres años menos que el ex presidente, su estilo descomplicado y abierto lo hizo más cercano a los votantes jóvenes, que, según analistas, fueron fundamentales en su triunfo.
Hoy, De Narváez sabe que la batalla apenas comienza. Tras las elecciones de mitad de año, desde la presidencia se han impulsado leyes que afectan directamente sus negocios. Dueño y accionista de varios medios de comunicación, De Narváez sintió como una primera amenaza la aprobada Ley de Medios. Luego, el intento de una reforma política parecía mostrar las ansias del matrimonio presidencial por cambiar las reglas de juego que habían permitido su derrota en las urnas.
Sin embargo, al Colorado, apodo con el que se le conoce, poco le asustan las acciones impulsadas por el gobierno actual. Sabe que en juego largo hay revancha, lección aprendida de su vida como empresario. Heredero de la cadena de Almacenes Tía, tan sólo bordeando los 20 años y sin ningún tipo de formación universitaria, asumió la dirección de la empresa junto a su hermano Carlos, a quien posteriormente despediría por no compartir su deseo de profesionalizar la firma.
Tras su buena gestión, el Grupo Exxel compró la empresa por US$635 millones y el caso fue estudiado por la Harvard Business School como modelo de negocios. En el entretanto, el estrés generado por los negocios, y una vida personal desordenada y agitada, lo sumieron en una fuerte depresión. Al borde de los 40 años, alquiló una habitación en un hotel e intentó suicidarse con una pistola.
Tras la venta de Tía, su fortuna creció rápidamente. De Narváez decidió diversificar sus negocios y hoy es dueño de una cadena de tiendas de indumentaria y de una empresa del sector agroindustrial; asimismo cuenta con acciones en canales de televisión, radios y un periódico financiero.
Hoy, afirma que son sus hijos su cable a tierra. Incluso, la euforia de la victoria electoral fue opacada por el que sostiene fue un triunfo mayor: el nacimiento de su sexto hijo pocas semanas después.
Peronista declarado, se hizo argentino en 1982 para apoyar el regreso de la democracia y poder votar por el candidato que después sería elegido presidente: Raúl Alfonsín. Tras varios coqueteos con los candidatos de turno, y tras financiar las campañas de Menem, en 2003, y de Kirchner posteriormente, este pelirrojo fue el primer extranjero en ocupar un cargo de elección popular, luego de ser elegido como diputado en 2005.
Y aunque ha recibido constantes críticas por su inasistencia a las sesiones del Congreso, el nuevo período legislativo le abre las puertas para convertirse en el líder político que quiere ser. Ya tiene su próximo objetivo identificado: participar en las elecciones internas del Partido Justicialista para ser elegido presidente del partido político que dirigía hasta hace poco Néstor Kirchner. Su vocación apunta ahora a la provincia de Buenos Aires. Por eso, para 2011 aspirará a ser su gobernador, cargo para el que se postuló en 2007. De 56 años, sabe que su labor en este Congreso será definitiva para su futuro político. Francisco de Narváez ha dicho abiertamente que uno de sus deseos es ser presidente de Argentina.