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Las declaraciones de Umar Farouk Abdulmutallab, el joven nigeriano que intentó, fallidamente, inmolarse en un avión de Northwest Airlines que cubría la ruta entre Amsterdam y Detroit, hizo que la mirada de las agencias estadounidense de seguridad de nuevo se orientaran hacia el Golfo de Adén.
Abdulmutallab dijo haber recibido entrenamiento durante un mes en Yemen, donde, según su versión, vivió al lado de Nasser Al Wuhayshi, la cabeza de Al-Qaeda en ese país. Coincidencial o premeditadamente, en el último número de Sada Al Malahim, una revista de internet filial de la organización terrorista, aparecía Wuhayshi hablando sin pudor de las bondades que ofrecían las bombas pequeñas para atacar al enemigo.
Sin embargo, esta no es la primera vez que Estados Unidos se alerta por las alarmas que se encienden por cuenta de la actividad terrorista en Yemen y su constante influjo mediático. El 20 de enero de este año, Al-Qaeda, con Wuhayshi como protagonista, difundió un comunicado en el que anunciaba la incorporación a su organización de los miembros de la red en Arabia Saudita que hasta entonces estaban siendo controlados por los cuerpos de seguridad. La inclusión, rezaba la comunicación, había dado origen a un nuevo nombre de la facción terrorista: Al-Qaeda de la Península Arábiga.
Por estas razones, a las que se suma la difusión de un video más en el que dos ex convictos musulmanes anunciaban su ingreso a las filas de Al-Qaeda en Yemen —luego de cumplir condena en la cárcel de Guantánamo— y el temor al incremento del fundamentalismo islámico en Somalia y en el este de África, desde Washington se comenzaron a planear labores de inteligencia en el Golfo de Adén.
De acuerdo con un informe publicado por The New York Times, la CIA desde hace cerca de un año ha enviado agentes de campo a la Península Arábiga, mientras comandos de Operaciones Especiales se han dedicado a entrenar a las fuerzas yemeníes en dispositivos antiterroristas. Estas acciones han estado acompañadas de visitas secretas y separadas del general David H. Petraeus, comandante regional, y John O. Brennan, asesor de contraterrorismo del presidente Obama.
Según el diario, el Pentágono tiene presupuestados US$70 millones para invertir en la seguridad de la zona en los próximos 18 meses, lo que convierte a Yemen en el tercer frente de lucha estadounidense en Medio Oriente, al lado de Afganistán e Irak.
“Tenemos una creciente presencia de hombres allí y necesitamos de Operaciones Especiales, Boinas Verdes e inteligencia”, dijo a Fox News Sunday el senador Joseph I. Lieberman, presidente del Comité de Seguridad Nacional y Asuntos Gubernamentales.
En Yemen, Mohamed Al Anisi, director de la Agencia de Seguridad Nacional, ha reconocido la cooperación norteamericana sin demasiados miramientos. De hecho, ayer Al-Qaeda emitió un comunicado a través de internet en el que se atribuía la responsabilidad del atentado frustrado el pasado 25 de diciembre contra el avión de Northwest Airlines. El motivo: “la injusta agresión contra la Península Arábiga”, una suerte de retaliación por los recientes ataques aéreos en áreas en las que se presume presencia de terroristas y que el pasado 24, según las fuerzas yemeníes, acabaron con la vida de al menos 30 militantes de Al-Qaeda.
El holandés que hoy es héroe
Jasper Schuringa, un holandés de 32 años, fue el hombre que neutralizó a Umar Farouk Abdulmutallab, el terrorista nigeriano que intentó atentar contra el avión de Delta Airlines el 25 de diciembre.Schuringa se abalanzó sobre Abdulmutallab al ver fuego. “Ese hombre tenía la pierna ardiendo y me asusté. Creí que trataba de volar el avión, así que me lancé para pararlo”. El fuego fue controlado y la acción del pasajero evitó que las llamas alcanzaran la carga explosiva que Abdulmutallab llevaba cerca de los genitales.