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El anuncio lo hizo Andrés Caldera, su hijo, por la cadena de televisión Globovisión: “Falleció dormido, lo que llaman la muerte de los justos”. Rafael Caldera, presidente de Venezuela en los períodos 1969-1974 y 1994-1999, murió en Caracas a los 93 años. Sufría de mal de Parkinson.
Venezuela se divide a la hora de valorar el polémico legado de un protagonista de la vida política nacional durante más de 50 años. Aunque fue uno de los arquitectos de la democracia venezolana tras la caída de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, también favoreció que el teniente coronel Hugo Chávez, cabecilla de un sangriento golpe de Estado, llegara al poder en las elecciones de diciembre de 1998. Tal como comentó el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, “Caldera debe ser fuente para el análisis para la interpretación de los fenómenos del pasado y para poder orientar los pasos en el presente”.
Fundador del partido demócrata cristiano Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei), fue uno de los propulsores del Pacto de Punto Fijo, firmado en 1958 en su propio domicilio; por este acuerdo los dirigentes políticos se comprometían a respetar al gobierno electo, fuera del color que fuera, para garantizar la convivencia democrática y la gobernabilidad. Durante 40 años, los dos principales partidos, Copei y el socialdemócrata Acción Democrática, se sucedieron en el gobierno sin cuestionamientos.
Las mayores críticas a Caldera están relacionados con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia. El 4 de febrero de 1992, el mismo día en que el teniente coronel de paracaidistas había fracasado en su intento de derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez, el senador vitalicio Caldera pronunció un discurso en el Congreso en el que justificó la intentona golpista. Los analistas señalaron que Caldera estaba despechado porque Copei le había relegado al escoger a Eduardo Fernández como candidato para los comicios de 1993. Mientras todos los parlamentarios cerraron filas en defensa de la democracia, el ex presidente se levantó para cuestionarla; de esta manera consiguió el apoyo de una amplia masa descontenta. De ser un cadáver político, con aquella intervención Caldera se convirtió en favorito para ganar las elecciones al frente de una coalición de pequeños grupos políticos llamada el chiripero.
A Caldera también se le cuestiona haber dejado en libertad, el 27 de marzo de 1994, a Hugo Chávez y a todos los oficiales que participaron en la asonada militar de 1992, sin siquiera juzgarlos por su insurrección contra el orden constitucional y por los 50 muertos y 100 heridos que se produjeron en los combates.
Caldera despejó el camino para que Chávez llegara al poder. El sobreseimiento, sin juicio y sin suprimirle los derechos políticos, hizo posible que el caudillo bolivariano diera curso a una carrera política meteórica, que poco después lo llevaría a la jefatura del Estado. Asdrúbal Aguiar, ministro de la Presidencia en el segundo mandato de Caldera, comenta que el gobierno decidió poner en libertad a Chávez porque se creía que en la cárcel aumentaba su popularidad y que una vez en la calle la gente se olvidaría de él.
Caldera muere en medio de un general cuestionamiento. Los partidarios del régimen lo consideran como uno de los grandes responsables del fracaso de la democracia; los opositores lo responsabilizan de propiciar la llegada de Chávez al poder.
En su toma de posesión, Chávez menospreció a Caldera: no le dio la mano ni aceptó que le impusiese la banda presidencial por considerarlo parte de la corrupta clase política venezolana.
Familia Caldera rechaza funeral oficial
Durante los últimos años de su enfermedad, el ex presidente Caldera le dejó claro a su familia que por ningún motivo quería recibir un homenaje del gobierno de Hugo Chávez. El viernes, su familia difundió un mensaje preparado por el ex presidente entes de morir. En él, deseó para el país “libertad, con una democracia verdadera donde se respeten los Derechos Humanos y donde podamos vivir en paz, sin antagonismos que rompan la concordia entre hermanos”.