Los estudiantes y la democracia de movilización

Luis I. Sandoval M.
18 de diciembre de 2018 – 12:00 a. m.

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Los estudiantes y profesores universitarios, con apoyo de amplios sectores de la población y rodeados de simpatía general, acaban de obtener un extraordinario triunfo. Después de dos meses largos de marchas y diálogos, que se iniciaban y se interrumpían, los líderes juveniles y profesores universitarios llegaron a un acuerdo con el Gobierno para incrementar sustancialmente el presupuesto de la educación superior en forma escalonada durante los próximos cuatro años.

Este triunfo, real pero parcial porque aún falta ver qué pasa con el cumplimiento y cómo se superan los numerosos imponderables que seguramente surgirán en el camino, permite hablar de la posibilidad de un período en la vida del país que tome las características de lo que se podría llamar democracia de movilización. Con ello quiero significar la apelación intensiva a la acción colectiva en vías, calles y plazas, con miras a superar malformaciones protuberantes en la sociedad colombiana referentes a asuntos económicos, sociales, étnicos, ambientales, políticos y culturales…

Una forma de democracia de minorías se agota, otra forma de democracia de mayorías trata de surgir. La democracia como valor (libertad), incluida la creciente democratización (equidad), sigue vigente inspirando cambios y transformaciones.

La ola de movilización universitaria fue exitosa precisamente por eso, porque fue una ola, una acción colectiva sostenida a través de un período de tiempo, los estudiantes y sus aliados se movilizaron 13 veces en dos meses, la mesa de diálogo tuvo 16 sesiones (El Espectador, 15 de diciembre). Su voluntad de lograr el objetivo se mostró indeclinable, al tiempo que por su justeza evidente, el beneficio para tantos millones de jóvenes, ganó enorme simpatía en todos los estratos sociales. No era solo una protesta contestataria por el creciente déficit, de por sí justa; era una propuesta analizada y bien fundamentada que cubría los diferentes ángulos del problema.

La movilización se está dando o expresando no a través de hechos episódicos, inconexos, sino que los estudios de la U. Nal., Desde Abajo, Cinep, la Fundación Ideas para la Paz (FIP) y los registros de prensa están mostrando que es una ola de larga duración. El 17 de noviembre el diario El Tiempo en primera página consignaba: “En los primeros 100 días de Iván Duque hubo casi 350 protestas”. Apelando a la misma fuente –la FIP– Semana del 25 de noviembre con artículo y cuadros destacaba que en 2013 se dieron 294 movilizaciones, 241 en 2014, 319 en 2015 y 561 en 2016.

Las acciones colectivas son contra la muerte de líderes, contra el extractivismo depredador, por el cumplimiento de acuerdos, por derechos económicos y sociales (tierra, educación, salud, pensiones…), por la no discriminación de minorías, por el respeto a la autonomía de comunidades ancestrales. Los objetivos de la movilización configuran un cuadro de resistencias múltiples a líneas centrales del modelo económico y político imperante. Un eje se aprecia en esta ola larga de movilización: fortalecer y expandir una lógica de vida frente a una lógica de muerte que se advierte por fuerza del proceso capitalista global.

Se trata de una dinámica creativa que combina la movilización misma con deliberación, mandato y voto. Muy evidente está que ya no se busca acceder a la acción armada como forma superior de la lucha por la justicia y la emancipación social. Se acentúa más bien una especie de civilismo radical democrático. Ya no se divorcia tajantemente movilización y voto, los que salen a marchar también quieren votar y la bancada de fuerzas alternativas en el Congreso de la República establece que la acción parlamentaria está al servicio de la movilización. Se conjugan representación y democracia directa.

Inclusive las guerrillas que aún no han suscrito acuerdos sostienen que lo fundamental del proceso de paz es la participación y afianzamiento de la sociedad que pueda ejercer los derechos políticos sin riesgo y con eficacia real en la transformación de situaciones inaceptables.

El cese del conflicto armado alienta otras formas de acción, democráticas y civilistas, para tramitar el incesante e ineludible conflicto social. A este proceso ya de años, y que sin duda se prolongará por un tiempo considerable, es al que puede denominarse democracia de movilización. Forma de hacer la política y forma de gobernar que convierte a Colombia en un inmenso laboratorio de innovaciones democráticas. Otra democracia es posible. Todo indica que los estudiantes no cejarán en su empeño y que tras el triunfo de la firma de un acuerdo, buscarán el triunfo del cumplimiento de ese acuerdo.

Nota: por vacaciones esta columna volverá a aparecer el martes 15 de enero. Mis mejores deseos en Navidad y Año Nuevo para lectores y lectoras y para quienes escriben comentarios, todos resultan estimulantes para el escribidor que quiere hacer de estas notas semanales un diálogo a la manera de juego de ping pong. Felicidades.

@luisisandoval

lucho_sando@yahoo.es

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