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Tras los EE. UU., Guatemala fue el segundo país del mundo en trasladar su embajada de Tel Aviv a Jerusalén.
También fue el segundo país del mundo —y el primero en América Latina— que después del fin de la Segunda Guerra Mundial prestó su apoyo activo a la creación de un Estado judío, en lo que para entonces eran territorios palestinos administrados por Inglaterra. Varias calles y plazas en Jerusalén y Tel Aviv llevan el nombre de Jorge García Granados, el diplomático guatemalteco que presidió el Comité para la Creación de Palestina de la ONU, y quien desde 1947 aconsejó dividir los territorios mencionados para crear dos Estados independientes. En 1956 García Granados se convirtió en el primer embajador guatemalteco en Jerusalén.
Como lo menciona el periódico Haaretz, los lazos fundacionales se profundizaron cuando el presidente Jimmy Carter decidió cortar la ayuda económica a los gobiernos militares del país centroamericano, pues consideraba que no respetaban los derechos humanos. Desde entonces, Israel ha cooperado con Guatemala en diversos ámbitos económicos, científicos y militares: soluciones para la purificación del agua, modernización y tecnificación agrícola, construcción de infraestructura y nuevas tecnologías. Durante la guerra civil, a Guatemala llegaron los famosos fusiles Galil, carrotanques, artillería, técnicos y asesores que formaron a las FF. AA. en inteligencia y contrainsurgencia. El reconocimiento de Jerusalén como capital del Estado de Israel guarda, pues, continuidad con una política internacional previa que no puede interpretarse sólo por el estado de las relaciones entre Guatemala y Washington.
Pero han pasado varios meses desde que la embajada guatemalteca se transfirió a Jerusalén y otros motivos que condujeron al presidente Jimmy Morales a efectuar tan simbólico traslado empiezan a salir a la luz.
A nivel nacional, Morales está recompensando al grupo protestante evangélico que lo apoyó para llegar a la Presidencia. Ese grupo ha militado activamente para que Jerusalén permanezca en manos judías y no musulmanas. Como en otros países de América Latina, el protestantismo evangélico empieza a disputarle al catolicismo su lugar como religión preponderante. El traslado de la embajada guatemalteca permite medir la progresión de la influencia de este grupo religioso en el ámbito político. Practicante asiduo de esta fe, Morales mencionó a lo largo de su campaña que varios pastores lo habían aconsejado en la estructuración ética de su propuesta de gobierno. Sorprendentemente, el giro al conservatismo religioso en un país centroamericano favorece una decisión ilegítima para toda la comunidad internacional en el Mediterráneo oriental. Temo que, en los próximos años, este escenario va a repetirse una y otra vez a lo largo y ancho del mundo.
A nivel hemisférico, me parece bastante probable que el traslado de la embajada sea una contrapartida para que los EE. UU. no intervengan en los procesos por corrupción contra Morales. Desde el año 2006 se creó la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), dirigida por el fiscal colombiano Iván Velásquez Gómez, y que bajo los auspicios de la ONU apoyaba al Ministerio Público y a la Policía Nacional en investigaciones de delitos y crímenes. Los gobiernos Bush y Obama apoyaron el trabajo de la comisión, no el del presidente Trump. En agosto de 2017, Velásquez y la fiscal general denunciaron que Morales estaba involucrado en un caso de financiamiento electoral ilícito. Morales declaró a Velásquez persona non grata y procedió a expulsarlo del país, pero la decisión fue rechazada por la Corte Constitucional. Pero en agosto de este año, Morales anunció que el gobierno no renovaría el mandato de la Cicig y que sus funciones serían asumidas por el Ministerio Público. Un artículo de la BBC informó que tras la decisión de Morales hubo una suerte de desfile de vehículos militares frente a las oficinas de la comisión. ¿Intimidación o coincidencia? Los EE. UU. no hicieron nada (o muy poco) para apoyar el mandato de la Cicig tras el anuncio del presidente guatemalteco.
Cuando Trump anunció que recortaría las ayudas a los países del triángulo del norte (Guatemala, Honduras y Salvador) si sus respectivos gobiernos no actuaban para impedir la salida de migrantes hacia los EE. UU., Morales realizó un pronunciamiento vehemente en el que decía que no cedería a las amenazas de Washington. Pero me cuesta creer en la firmeza de sus propósitos y me pregunto más bien si el pago que Washington le está haciendo a Guatemala por trasladar su embajada a Jerusalén no tiene que ver con la desaparición de la Cicig. Después de todo, si se tiene en cuenta que para Trump las relaciones internacionales son un escenario en el que no existen acuerdos multilaterales, sino una lógica bilateral transaccional e inmediatista, la idea no parece descabellada.
Adenda. Mi miscelánea 2019 será publicada en las primeras semanas del próximo año. Quiero desearles felices fiestas navideñas y un buen 2019 a mis lectores, a don Fidel Cano y a todo el equipo de El Espectador.