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El organismo francés encargado de la seguridad aérea presenta hoy su segundo informe sobre el accidente en medio del Atlántico del vuelo de Air France entre Río de Janeiro y París del pasado 1 de junio, en el que murieron sus 228 ocupantes.
Los familiares han manifestado recientemente su descontento al Organismo de Investigación de Accidentes (BEA) tanto por el ritmo de sus trabajos, lento, a su juicio, y por las explicaciones, hasta ahora bastante vagas, que causaron el siniestro.
En su primer informe en octubre, el BEA descartó la posibilidad de que el avión explotase en el aire y se indicó que llegó a rozar el agua en una maniobra de la tripulación para evitar chocar contra el mar, a la que siguió una "fuerte aceleración vertical".
Las primeras hipótesis apuntaban a que el Airbus de la compañía francesa tuvo que atravesar una zona de fuertes turbulencias, y se le perdió la señal en un área mal cubierta por los radares, en medio de la travesía atlántica.
Por los mensajes automáticos emitidos desde el avión, los sensores de velocidad no funcionaron correctamente a causa del hielo, lo que, según ciertas hipótesis, pudo provocar la catástrofe.
Aunque los investigadores no han confirmado la implicación de los sensores en el accidente, Air France aceleró a raíz del accidente el programa de sustitución de éstos por otros de diferente tecnología.
En el documento que se da a conocer este jueves a la prensa se espera que aparezcan elementos sobre la meteorología, los mensajes de mantenimiento automático transmitidos por el Airbus A330 momentos antes del accidente, así como el análisis de las medidas de velocidad, aparentemente incoherentes entre los diferentes sensores del avión.
Por otra parte, el BEA busca una empresa especializada en el rastreo de los fondos marinos para tratar de localizar los restos del aparato en el fondo del Atlántico, presumiblemente a unos 4.000 metros bajo el nivel del mar.
Las diferentes búsquedas que se han llevado a cabo en la zona del siniestro se centraron en las primeras semanas en la recuperación de restos del avión y de cuerpos de víctimas que flotaban, así como en la localización de la señal que emitían las cajas negras, para lo que se recurrió a submarinos franceses del instituto científico IFREMER.