APEC: ¿salto al vacío?

Fernando Barbosa
09 de diciembre de 2018 – 12:00 a. m.

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El pasado 16 de noviembre murió en Tokio el profesor Ippei Yamazawa. Muy respetado en Japón y en su universidad, Hitotsubashi, fue un protagonista en la región del Asia-Pacífico. En efecto, como miembro del Grupo de Personas Eminentes participó en la creación del marco que condujo al proyecto materializado en la reunión de Bogor, cuya meta era construir una gran zona de libre comercio e inversiones en la cuenca del Pacífico. Oírlo fue siempre un deleite, tanto por lo agudo de sus planteamientos como por su manera abierta y desparpajada de actuar, tan esquiva entre los japoneses. Los encuentros y desencuentros en las discusiones se despejaban con una sonora carcajada que reabría y aligeraba los debates.

El deceso de Ippei, como admitía que lo llamáramos, coincidió con la primera gran crisis de APEC. “Ustedes conocen a los dos gigantes en esta sala. ¿Qué puedo decir?”. Fue el comentario patético del primer ministro Peter O’Neill de Papúa Nueva Guinea y anfitrión de la última reunión de APEC en Puerto Moresby. De manera dramática reconocía que, por primera vez en la historia del mecanismo, no se había podido acordar un comunicado conjunto entre los 21 países miembros.

Las posiciones de China y de Estados Unidos resultaron irreconciliables y quedó roto el ánimo conciliador impuesto por el consenso que es la regla de todas las determinaciones que se toman en APEC. La sensación es que nadie quiso comprometerse en una pelea que afectará a todos los miembros y que requerirá tomar distancias.

APEC surgió en 1989 como un foro de encuentro de los ministros encargados de los temas económicos y comerciales. Se trataba de propiciar el intercambio de puntos de vista e información sobre los temas del momento, las proyecciones, las posibles dificultades futuras, regulado por la informalidad y el no compromiso. En Seattle, en 1993, se elevó el nivel de los participantes a jefes de Estado y gobierno, lo que se ha mantenido hasta ahora. De esta manera fue inevitable que lo político adquiriera preponderancia sobre lo técnico.

Adelantarse a los problemas era la esencia del mecanismo. Por eso la imposibilidad de anticiparse a la crisis asiática de 1997 significó un primer gran golpe para la credibilidad de APEC. La lucha antiterrorista que adoptó a raíz del ataque del 11 de septiembre a las torres de Nueva York quedó en punta. Y ahora la ruptura del consenso en Papúa Nueva Guinea sumada a la dinámica de procesos paralelos —el TTP ahora reencauchado en el CPTTP sin Estados Unidos, y el RCEP liderado por China— parecen conspirar contra la viabilidad del foro.

El desencuentro en Puerto Moresby tiene importancia para Colombia. Es sabido que nuestra política exterior para el Asia se ha tejido con el débil hilo conductor del ingreso a APEC. Si desaparece este objetivo, esta vez por substracción de materia, habrá que replantear, por fin, la estrategia. El próximo viaje del canciller a la región seguramente le dará material fresco para rediseñar los rumbos de su cartera.

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