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Marco Antonio Etcheverry, a quien apodaban El Diablo, recibió el balón entre la mitad de la cancha y el área rival. Descontó a un adversario y corrió hacia el arco arrastrando rivales. Cuando el campo se agotó y dos defensores lo arrinconaron contra la línea de fondo, levantó la cabeza y con una patada sutil puso la pelota en la mitad del área.
Ahora sólo restaba que alguien viniera de atrás a rematar la jugada, a patear la bola hacia el fondo de las mallas antes de que el arquero, brazos abiertos y decisión, la interceptara. Entonces llegó el número 10. Amagó con golpear de derecha y el portero cayó en el césped y en la trampa, acomodó el balón para la pierna izquierda y los cerca de 40.000 espectadores del estadio Hernando Siles de La Paz lo festejaron como si fuera una final. “Con frialdad, a la hora de definir, ahí estuvo Juan Evo Morales Ayma, presidente de la República, para anotar el 2-1 a favor de Bolivia”, decía el narrador a los televidentes. Ese fue su único gol de la tarde.
La jugada, con la que venció al portero argentino Esteban Pogany, la había practicado desde niño sobre los verdes pastizales de Isallavi, su pueblo en la región de Oruro, a orillas del lago Poopó. Mientras las llamas pastaban, Evo Morales ponía su pelota de trapo sobre el suelo, imaginaba que eran contrarios y las eludía una a una haciendo gambetas. Izquierda, derecha, derecha, izquierda, una patada y el balón iba a parar en un arco de paja brava. No había espectadores ni bullicio, sólo el silencio del campo o los ladridos de Trébol, su perro de infancia.
Dice que gambeteaba a los animales y también al hambre. En más de una ocasión, durante sus discursos presidenciales, Evo —como le gusta que lo llamen— ha contado que de pequeño también corría detrás de los buses que transitaban por las carreteras cercanas a Isallavi, esperando a que los pasajeros arrojaran por las ventanas cáscaras de fruta para alimentarse. “Ama asua, ama llula, ama quella” era uno de los lemas de la cultura Aymara, su cultura, y de la posterior campaña presidencial: “No robar, no mentir, no ser flojo”. Si la comida no llegaba servida a la mesa, entonces había que salir a buscarla.
Corría, no importaba que los campos de Oruro se levantaran 3.686 metros sobre el nivel del mar. Si de niño lo hacía de forma tan natural, ¿por qué los profesionales del deporte no podrían hacerlo?, cuestionó más de una vez en marzo de 2008 cuando la Fifa intentó prohibir los partidos oficiales de fútbol en zonas cuya altura superara los 2.750 metros. Entonces respondió con el gol que anotó luego del pase de El Diablo Etcheverry y jugando al lado de personalidades que brindaron su apoyo a la protesta, entre ellos Diego Armando Maradona.
Las mujeres y la helada maldita
En realidad, en la vida de Evo, el fútbol y el trabajo, que a veces parecían fundirse en una sola actividad, emergieron mucho antes que la política. Primero fue capitán del Fraternidad, el equipo de fútbol de su comunidad. Trasquilaba ovejas, vendía lana y compraba uniformes para sus compañeros. Luego salió de la cancha sin abandonar al equipo, se convirtió en el director técnico y, a medida que crecía, su liderazgo indígena y su carisma iban poco a poco excediendo las fronteras de la cancha.
Alguna vez lo acusaron, ya siendo presidente, de favorecer excesivamente a los grupos nativos. Sus opositores decían que el gobierno le había declarado la guerra a la propiedad privada. “Si tienes dos casas, Evo te quita una. Si tienes dos carros, Evo te quita uno”, acusaban los opositores. “Sólo falta que digan que si tienes dos mujeres, Evo te va a quitar una”, y así el sarcasmo acompañaba las respuestas del Presidente.
En asuntos de mujeres Evo ha cosechado una fecunda fama de conquistador que incluso se ha potenciado desde que a sus atributos físicos se sumó el sexappeal presidencial. Ha reconocido dos hijos, un niño y una niña. Uno de ellos le costó un sonoro escándalo en 2005, en medio de su campaña rumbo a la Presidencia cuando la madre demandó su paternidad. No obstante, ninguna mujer ha conseguido cautivarlo lo suficiente y, por eso, en la jefatura de Estado lo acompaña Esther Morales, su hermana y la primera dama de Bolivia, quien asegura que en tiempos en los que Evo se hacía hombre nunca mostró timidez. Más allá de los rumores y los devaneos, jamás presentó una novia a su familia, y aún no presenta la primera al país.
Con la mayoría de edad de Evo no vinieron buenos tiempos para los suyos. Las oraciones que el padre, Dionisio Morales, ofrecía a la tierra (Pachamama) y los ungüentos de alcohol y hoja de coca que María Ayma, la madre, preparaba a diario para atraer el bienestar, no pudieron contener la helada maldita que en el año 80 asoló a Isallavi con un látigo implacable: los cultivos se echaron a perder y casi la mitad de los animales de la zona murieron durante la noche.
La batalla por la hoja de coca
“Mi mamá lloraba todo el día, mi papá estaba con mis tíos y allí decidieron: ‘Aquí jamás vamos a ser campesinos prósperos, hay que ir a buscar tierra al oriente boliviano’”. Así que sin más alternativa que aceptar los designios de la naturaleza, la familia, con menos comida que siempre, se embarcó en un éxodo desesperado que los conduciría a San Francisco, una zona agrícola de Cochabamba.
Allí, cultivando coca, Evo Morales comenzó a jugar el partido más largo y difícil de su vida. La comunidad le encomendó la tarea de ser la cabeza del sindicato que agremiaba a los campesinos cocaleros. Debía ser la voz que trataría de contener la supresión de la planta en Bolivia mientras que desde el Congreso la aprobación de la Ley del Régimen de la Coca pretendía idear una forma para sustituir los cultivos y el presidente Hugo Bánzer Suárez prometía a los Estados Unidos la erradicación total.
Para atajar el destino que desde los poderes estatales le habían impuesto al tradicional cultivo, Evo marchó una vez más. Al lado de los cocaleros emprendió un trayecto de más de 600 kilómetros desde Cochabamba hasta La Paz. Avanzaban con paso firme a medida que grupos poblacionales se prendían de su causa, como movidos por la romántica costumbre, y esquivaban los controles de las autoridades.
Finalmente, llegaron a La Paz vitoreados por la multitud y el gobierno no tuvo otra salida diferente a la de pactar con los campesinos. La lucha a favor del cultivo de la hoja de coca ha sido impulsada a lo largo de toda la vida política de Evo, desde que fue diputado hasta la actualidad. Como presidente, en Viena, frente a la Comisión de Estupefacientes de la ONU pidió que se despenalizara el consumo de coca. Con una hoja en la mano dijo: “Esta es la hoja de coca, que no es cocaína. Tampoco estupefaciente”. Terminó su discurso y la mascó como lo hacen sus ancestros desde hace más de 3.000 años.
Entre las canchas y los estrados, los sindicatos y los bailes populares, Evo Morales ha conseguido el guiño de las mayorías. Este domingo se define si pasará los próximos cuatro años en el Palacio Presidencial junto a su hermana Esther. De ganar las elecciones, anotaría el cuarto gran gol de su historial político: primero fue la victoria en las elecciones en 2006, en seguida vino el triunfo de la Asamblea Constituyente que abrió la posibilidad de su reelección y, después, el 67% de los votos favorables en el referendo convocado en 2008 para la revocatoria de su mandato. El marcador dice que a estas alturas del partido Evo Morales tiene tres y la oposición cero.
Qué se decide este domingo
Elección de presidente y vicepresidente: aunque hay ocho candidaturas, la de Evo Morales como presidente y Álvaro García Linera como vicepresidente es la favorita con el 53% de los votos. Manfred Reyes Villa (foto), ocuparía el segundo lugar, según los sondeos.
Asamblea Plurinacional: órgano creado por la nueva Constitución que reúne al Senado y la Cámara de Diputados. Se elegirán 130 diputados y 36 senadores.
Referendos autonómicos: cinco provincias decidirán su autonomía (La Paz, Potosí, Chuquisaca, Oruro y Cochabamba).
Autonomía indígena: doce territorios indígenas en cinco provincias decidirán si quieren ser una autonomía indígena.