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Este domingo Honduras elige presidente

Luego del golpe de estado, los hondureños van a las urnas. Algunos países dicen que no reconocerán al nuevo gobierno.

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Las partes en conflicto en la aguda crisis política que vive Honduras disputaban el viernes entre llamados a la población a votar y a no votar en las elecciones del domingo, que han dividido a Estados Unidos y a América Latina sobre si reconocer o no al futuro gobierno. En la televisión local de Honduras se multiplicaban los anuncios con personas sonrientes llamando a la participación, que debido a la crisis política y atentados contra centros de votación podría ser aún menor que el 55 por ciento de las elecciones del 2005. En el país votar no es obligatorio.  

Cuatro explosiones causaron daños en la madrugada del viernes en escuelas que servirán como centros de votación en San Pedro Sula, la segunda mayor ciudad del país, lo que podría atemorizar a algunos hondureños, pese a que el gobierno de facto ha dicho que garantizará la seguridad del proceso. Uno de los estallidos incluso perforó una pared en uno de los centros de votación, dijo un portavoz de la policía. “No se queden en la chola (casa)/ metámonos en la cola/ para que nos paren bola”, cantan varias personas en uno de los anuncios, redactado con el estilo de hablar de los barrios.

Pero el presidente depuesto Manuel Zelaya, refugiado en la embajada de Brasil en Tegucigalpa desde septiembre, llamó a sus partidarios a salir el domingo a las plazas públicas de la ciudad y mostrar su dedo meñique limpio, en una señal de que no fueron a votar para apoyar su demanda de restitución.   Usualmente en los centros de votación se marca con tinta el dedo meñique de los sufragantes como prueba de que votaron.   “Este domingo yo opino que salgan a las plazas públicas y que muestren su dedo y digan que no se han manchado, que no apoyan la legalización de los golpistas”, dijo Zelaya la noche del jueves a Radio Globo, que apoya al mandatario y que fue silenciado temporalmente por el gobierno de facto.

Latinoamérica se divide

Buena parte de Latinoamérica, entre ellos países como Brasil, han dejado en claro que no reconocerán las elecciones conducidas por el gobierno del facto de Roberto Micheletti, que tomó el poder tras la expulsión de Zelaya el 28 de junio. Pero el aislamiento internacional se ha agrietado y varias naciones, entre ellas Estados Unidos -el mayor socio comercial de Honduras- las ven con buenos ojos. El presidente de Costa Rica, Oscar Arias -quien trató sin éxito de mediar en un acuerdo tras el derrocamiento de Zelaya- y el canciller de Perú se sumaron el viernes a los que apoyan el proceso electoral. “Si las elecciones en Honduras se realizan con transparencia, sin objeciones a la misma, de suerte tal que el resultado sea la voluntad del pueblo, nosotros vamos a reconocer”, dijo a periodistas el canciller peruano, José Antonio García Belaúnde, en Quito. Ninguno de los dos principales candidatos presidenciales, los conservadores Porfirio Lobo del Partido Nacional y Elvin Santos del Partido Liberal de Zelaya, se han jugado a pedir la restitución del mandatario y dicen que se atendrán a lo que decida el Congreso y la Corte Suprema de Justicia.

“Hemos dicho que no queremos formar parte de un conflicto que no es nuestro”, dijo el viernes Santos, que fue vicepresidente de Zelaya pero se distanció cuando el mandatario comenzó a acercarse al líder venezolano Hugo Chávez, algo que irritó a una mayoría de políticos y empresarios.   Lobo, por su parte, dijo en una conferencia de prensa que “si los dos que están en conflicto se subordinaron a que sea el Congreso Nacional el que tomara la decisión, habría que esperar a que se tome esa decisión”.   Y, entre risas, agregó que por ser opositor se quiere deshacer tanto de Zelaya como de Micheletti. “A Zelaya o Micheletti (…) los quiero sacar de ahí”, expresó.

El Congreso votará sobre si restituir o no a Zelaya -parte de un acuerdo entre las partes firmado en octubre bajo el auspicio de Washington pero que naufragó días después- pero el 2 de diciembre, después de que pasen las elecciones. Washington condenó inicialmente el golpe de Estado contra Zelaya y suspendió parte de la ayuda internacional, pero en las últimas semanas suavizó su posición y apoya los comicios siempre y cuando cumplan con estándares internacionales. Otros países aliados de Estados Unidos, como México, podrían sumarse al apoyo de las elecciones, pese a que su canciller ha dicho que por el momento el gobierno del conservador Felipe Calderón no tiene una posición.

Arias, quien recibió a Zelaya en pijamas en San José cuando fue derrocado, dijo en una entrevista a la cadena CNN que “si todo transcurre bien, normalmente y los observadores no ven nada absolutamente malo (…) pues yo pienso que la gran mayoría de los países del mundo deben reconocerlas”. Sin embargo, a los comicios no asisten observadores tradicionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) ni el Centro Carter, sino organizaciones civiles y ex presidentes, muchos de ellos parciales. El gobierno de facto llamó a 5,000 reservistas del Ejército para garantizar la realización de los comicios, mientras que Micheletti se retiró temporalmente el miércoles de sus funciones como forma de que las elecciones se realicen en paz.

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