Dos cartas de los lectores

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Sobre San Andrés

Quiero expresar no mi desacuerdo, sino mi total acuerdo con su editorial sobre San Andrés. Al respecto, estoy convencido, por mi experiencia y la del país entero, de que si no hay un cambio radical del equipo de Colombia ante la Corte de La Haya nuestra situación va ser aún más difícil y complicada. Lo afirmo al examinar su actuación, que realmente ha sido muy negativa. Sin temor a equivocarnos, ha perdido todas las instancias y le han rechazado seis de las siete excepciones preliminares objetando la jurisdicción de ese alto tribunal. Entre ellas, la absurda denuncia del Pacto de Bogotá de 1948 con “efecto inmediato”, que contradice el mismo texto de este instrumento con que fue invocado, el cual establece que la denuncia solo surte efecto después de un año de haber sido presentada. Y aún más, como quiera que la decisión de la Corte fue en ese sentido, entre tanto Nicaragua presentó dos demandas contra Colombia: una alegando el incumplimiento del desastroso fallo de 2012, en el que perdimos 75.000 km de costa y nos desintegraron el archipiélago con el enclave en Quitasueño y Serrana, dificultando la pesca de los raizales en esa zona. La otra demanda es todavía más complicada, como que se relaciona con la aspiración de Nicaragua a una plataforma continental extendida, más allá de las de las 200 millas marinas, que se calcula puede extenderse hasta Cartagena.

La última actuación de Colombia fue la presentación de una “réplica” a lo sostenido por Nicaragua que nadie conoce. El país tiene derecho a saber cómo fue formulada, así como la estrategia a seguir en La Haya.

Enrique Gaviria Liévano.

Impuestos sí y educación también

Es verdad sabida que al año se pierden $50 billones por corrupción. Que las pechugas de pollo se venden a $40.000 y el bulto de cemento a $50.000. Que se pagan arriendos innecesarios, que las obras quedan a medias y sin control de calidad, que hay evasión, que las nóminas paralelas para pagar favores suman más que las nóminas oficiales, que hay asesores oficiales que están al servicio privado de los asesorados, que se cobra por atender lo que debe atenderse sin pagar, que tenemos miles de bachilleres que no saben leer ni escribir, que hay instituciones educativas que se enriquecen con la venta de cartones, que hay corruptos conocidos que con lechona y licor logran el apoyo de votantes, que se suman a sus causas corruptas con la ilusión de tener un empleo de salario mínimo. Y todas estas verdades se ignoran y se insiste en recaudar $14 billones más, buena parte de los cuales se irá en corrupción. Y en semejante proyecto maléfico participan todos los que callan y hacen oídos sordos ante la podredumbre del manejo del erario.

A esto se suma que la mayoría de los corruptos se creen inmunes, intocables y perseguidos políticos, creencia que apoyan los que consideran que investigarlos pone en peligro el poco de democracia que nos queda.

Este comentario es para que mis sentimientos de culpa no me ahoguen y para que alguien le pueda llevar el mensaje al equipo económico del Gobierno para que el presidente Duque oriente sus velas hacia puerto seguro. Yo confío en el presidente y quiero que todo salga bien, pero mi voz y la de muchos colombianos que pensamos lo mismo no llegan a los responsables de evitar la catástrofe.

Carlos Fradique-Méndez, Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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