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"Lo apreciaban sus colegas, sus subalternos, la FAC, las Fuerzas Armadas"

Mariano Ospina Navia

“Lo apreciaban sus colegas, sus subalternos, la FAC, las Fuerzas Armadas”, fue el comentario que se escuchó el pasado jueves en la Quinta de San Pedro Alejandrino en Santa Marta, luego de la emotiva ceremonia de honores militares que le rindieron las Fuerzas Armadas de Colombia al general Mariano Ospina Navia, fallecido esta semana.

Con el sobrevuelo de aviones de guerra, cañonazos y coros, un grupo de generales encabezado por el Comandante General de la Fuerzas Militares, general Freddy Padilla de León, dio su último adiós a quien fuera Comandante de la Fuerza Aérea entre 1962 y 1965, tiempo en el cual, con visión futurista, incorporó a la flota de la FAC los versátiles helicópteros UH-1B.

El general Mariano Ospina Navia fue Ministro de Fomento durante el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla, en cuya gestión dio impulso a la construcción del aeropuerto de San Andrés. Ospina Navia fue asimismo fundador de la línea aérea Satena.

Pero además de su brillante carrera en la Fuerza Aérea, en la cual se recuerda como anécdota que sobrevivió en sus épocas de piloto a un accidente en un avión AT6 lanzándose en paracaídas, el general Ospina fue un pensador, estudioso, intelectual, que se caracterizó siempre por sus análisis juiciosos de la realidad nacional.

Confusión

En su edición pasada, en la página de Negocios (El Espectador, semana del 3 al 9 de febrero, “un mercado muy popular”), se presentó una confusión al citar una entrevista que me hicieron sobre los formatos populares.

El artículo informa que Raddar afirma que “el secreto es pegarle al estrato mayoritario; el ejemplo más claro es el éxito de Arturo Calle, que fue capaz de lograr el equilibrio, y vender a un multiestrato”. Por el contrario, en diversas columnas de opinión económica y de mercadeo hemos demostrado que uno de los factores de éxito de la marca Arturo Calle es su focalización en estratos con capacidad de compra, logrando un muy buen posicionamiento y un fenómeno aspiracional. Consideramos que si Arturo Calle fuese multiestrato, su marca no sería tan poderosa en el mercado.

Igualmente, no estamos seguros con la afirmación que hace el artículo: “A la gente no le interesan los atrasos de los almacenes, esas son herramientas de gestión para el comerciante y el público no percibe eso. Usted no compra por ese tipo de cosas, compra por el diseño de las prendas que va a usar. Eso pasa en todo el mundo”, ya que hemos visto que al consumidor colombiano sí le interesan los cambios, sobre todo si esto le asegura mejor atención, mejores precios y menores filas en el momento de pagar.

Este error puede confundir a la opinión pública sobre la posición de Raddar frente a este caso de éxito, y por esto le pedimos corrijan este error, que sabemos fue un problema de edición, y que ya fue corregido en la versión de la página en internet.

Camilo Herrera. Presidente, Raddar. Bogotá.

La matanza en la plaza

En la última edición de su importante periódico del 3 al 9 de febrero, página 1B, aparece una crónica sobre los hechos acaecidos en la Plaza de Toros de Bogotá el 5 de febrero de 1956, firmada por un señor que seguramente no presenció los acontecimientos ni es historiador. Por eso está llena de insensateces, desfiguraciones y calumnias. Me permito transcribirle como rectificación irrefutable el resultado de la investigación adelantada por El Tiempo en 1986 y que aparece en el libro del historiador, doctor Jorge Serpa Erazo, Rojas Pinilla, una historia del siglo XX, página 254 y siguientes:

(Siguen declaraciones de dos generales y del firmante, desvirtuando los hechos denunciados en su momento).

El resultado de la investigación de La Máquina de El Tiempo es este:

“ Vistos los acontecimientos desde la perspectiva de 30 años, se puede afirmar:

— El tan mentado ‘genocidio’ sólo existió en la mente de una opinión pública influenciada por la acción política del Frente Civil, opuesto al régimen de Rojas Pinilla.

— En la plaza no hubo muertos, pero un ciudadano falleció en una clínica de Bogotá sin recobrar el sentido. El Estado reconoció que su fallecimiento fue efecto de los golpes de un agente de policía

— La Máquina de El Tiempo localizó a cinco de los ciudadanos golpeados. Según sus versiones, cerca de 40 contusos y heridos completaron el balance de la corrida el 5 de febrero”.

Samuel Moreno Díaz. Ex director Diario de Colombia. Bogotá.

* * *

En su edición correspondiente a la semana del 3 al 9 de febrero en curso, se hace una reconstrucción escandalosa, macabra y enteramente falsa de los sucesos ocurridos en la Plaza de Toros de Bogotá en febrero de 1956. Todo el artículo es una fantasía de pesadilla y me atribuye, con base en una versión delirante de Germán Espinosa, una serie de afirmaciones sobre hechos que no ocurrieron y que nunca escribí.

Jamás escribí que hubo más de 600 muertos, que los cadáveres de los espectadores que se negaban a corear vivas a favor del dictador de turno (general Gustavo Rojas Pinilla) y de su hija María Eugenia, eran arrojados a la arena. No es cierto que yo salí del país la misma noche de la última corrida. La crónica que ocupa toda una página está tan plagada de errores y tergiversaciones, que al final resulta impotable.

Esta carta tiene por único objeto el de alertar sobre el abuso que hacen algunos supuestos periodistas de la libertad que les da el medio en el cual escriben, para desahogar sus espurias fantasías. Y como el periodismo es una de las fuentes de la historia, se termina jugando con los hechos y dejando una constancia falsa que confundirá a los historiadores de mañana.

Carlos J. Villar Borda. Bogotá.

* * *

Qué bueno fue encontrar en su última edición, a propósito de la andanada contra una aficionada en la plaza de toros el domingo anterior, un recorderis de aquellos espeluznantes hechos que se sucedieron en el tradicional escenario bogotano durante la dictadura del temible Gustavo Rojas Pinilla. Aunque también me causa curiosidad, y algo de perplejidad, que sea ahora cuando se recuerden estos hechos y que durante la pasada campaña electoral para la Alcaldía de Bogotá solamente hubiéramos visto en los medios —y los incluyo a ustedes, en traición imperdonable con su propia historia— alabanzas descomunales al entrañable abuelo, el Teniente General, y sus obras “futuristas”.

Inés Flórez de Casas. Bogotá.

Protesta

“Una foto vale más que mil palabras” es un aforismo muy utilizado en los medios de comunicación. Sabemos que no es así: la comprensión de lo que se ve depende del contexto en que se inscribe y del momento político. Por eso consideramos malintencionada la utilización de la foto con la que su periódico decidió ilustrar el artículo de la página 4A de la edición del 3 al 9 de febrero titulado “Cuando las ideas llegan al extremo”.

En esa foto aparece una pancarta donde se destaca la consigna ¡Abajo Uribe!, firmada por nuestra organización, el Partido Socialista de los Trabajadores. Casualmente, frente a la pancarta aparece una persona que oculta su rostro con un pañuelo como punto de atracción visual de la composición. Aparentemente todo era adecuado para ilustrar ideas como las que acompañan la imagen. El antetítulo del artículo dice: “La polarización política del país está exacerbando los ánimos”, idea que rematan con el pie de foto: “Algunas de las protestas a favor o en contra del Gobierno han terminado en agresivas discusiones, por la intolerancia de sus participantes”.

Nos interesa dejar en claro ante la opinión pública que nuestro partido, con más de 30 años de existencia política, se ha distinguido por la defensa de los derechos de los trabajadores y los pobres del país, reivindicando los métodos democráticos de la organización y la movilización de masas. Hemos rechazado a lo largo de toda nuestra historia el programa, la política y los métodos de acción de las organizaciones insurgentes como las Farc, el Eln, el M-19 y otras, justamente porque no atacan las causas estructurales de la profunda desigualdad social de que padece nuestra sociedad, e ignoran el papel central que debe cumplir la clase trabajadora en la construcción de una sociedad igualitaria y justa.

Nuestra propuesta y consigna no es un ejemplo de “intolerancia” o “agresividad”, como sí las hemos visto en el comportamiento del propio Presidente de la República y sus ministros, contra sus opositores. Esa es la razón por la que solicitamos que publiquen esta carta a propósito de la edición de una fotografía que, como el personaje del comercial, “se encuentra en el lugar equivocado”.

Partido Socialista de los Trabajadores. Bogotá.

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