#CartasAJasmín: “Uno nunca pensaría que la maldad podría recaer sobre quienes conocemos”

Hoy lamento tanto que ya no seamos los niños que nos refugiábamos en la casa de mi abuela, donde éramos ajenos al peligro y la maldad.

Ilustración - El Espectador
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Crecí con tantos vecinos en la casa de mi abuela en el barrio Getsemaní, que la gente al llegar se asombraba de la cantidad de nietos que tenía Cecilia, cuando en realidad éramos solo cinco en aquel entonces. Entre tantos «hijos adoptivos» de aquella «casita de dulce» (como muchos le decían, porque no salíamos de allí)  estaba la mejor amiga de una de mis primas. Una niñita flaquita e inquieta, de carácter fuerte, avispada y «lengua larga» -como decimos aquí en Cartagena a las personas muy locuaces-.La recuerdo en chancletas y con la sudadera de su colegio puesta hasta la noche, escondiéndose cuando su abuela Berta la iba a buscar. (Lea aquí: Con plantón pedirán este viernes justicia para el caso de Jasmín en Cartagena)

Pasaron los años y la casa quedó sola, todos crecimos como suele pasar cuando te vas del País de nunca jamás del cuento de Peter Pan. Hoy lamento tanto que ya no seamos los niños que nos refugiábamos en la casa de mi abuela, donde éramos ajenos al peligro y la maldad.

Así me siento desde el domingo, cuando me enteré de que aquella niñita que creció con mis primos, con mi hermano y conmigo como una más de la familia, es Yazmín Álvarez, la mujer que encontraron brutalmente golpeada, bajo efectos de escopolamina, tirada en un potrero en la zona norte de Cartagena. Cuánto dolor Yazmi. Uno nunca pensaría que la maldad y lo más oscuro del corazón de los seres humanos recaigan de tal manera sobre personas que conocemos y con las que compartimos.

Me da dolor recordar tanto que te cuidaba tu fallecida abuelita, y lo que sufriría con esto que te pasó. Estoy segura de que ella es el ángel que te ha dado la fuerza para aferrarte a la vida, porque solo un ferviente deseo por vivir, puede explicar el milagro que hoy eres.

Yazmi, ojalá el mundo fuera como esa casa donde tanto nos gustaba jugar y pasar el tiempo, sin nadie que nos hiciera daño y donde todos éramos uno, felices y a salvo. Pero el mundo es cruel y hay de todo, hasta lo más bajo de la condición humana.

Todos oramos por tu pronta mejoría y por tu familia para que tengan la fuerza para sobrellevar un momento tan duro. Por supuesto, como madre que soy también pienso mucho en Judith, tu mamá, quien ha pasado por tanto dolor al verse a punto de perder a sus hijas, que estoy segura de que Dios tiene un gran propósito para ella junto a ustedes.

Espero que te recuperes muy pronto, y poder verte como siempre, caminando o en tu bicicleta recorriendo las calles de este barrio al que siempre volviste, como toda buena getsemanicense. Verte llegar a la casa, con tu bulla preguntando por mi prima, gritando desde la puerta: «Yanéeee, está Milenaaaaa?». Verte de vuelta, Yazmi, con esa energía arrolladora, como siempre eres y seguirás siendo tú.

*Esta carta hace parte de la serie #CartasAJasmín, publicada por El Espectador, en la que amigos y desconocidos le envían un mensaje de fortaleza  a Jasmín Álvarez Romero, quien está en coma inducido tras ser víctima de una brutal agresión en Cartagena. Si quiere publicar una carta puede enviarla a pcuartas@elespectador.com

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