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Jazmín.
Esta ciudad es pequeña. Mucho. Casi todos nos conocemos. Resulta que esa noche en la que saliste a vivir, andaba reporteando mi historia sobre la guerra que se ha desatado entre los taxistas y UBER. Saliste a vivir no a morir. Qué tragedia… (Lea aquí: Con plantón pedirán este viernes justicia para el caso de Jasmín en Cartagena)
Al día siguiente alertaron de tu desaparición. Y a pesar de esa pandemia odiosa de indiferencia e individualismo colectivo que nos carcome, no ahorramos esfuerzos para encontrarte. Estamos en una situación de vulnerabilidad e indefensión absoluta, por eso debemos cuidarnos porque a cualquiera, en cualquier momento, nos puede pasar lo peor.
Tomé el testimonio de muchas chicas que prometían no volver a salir por físico miedo a ser agredidas. Haciendo vueltas personales encontré gente que te conocía; cercanos, familiares tuyos, angustiados e impotentes. Me estremeció su pesar.
No me importa que hacías, si saliste sola o acompañada. Qué más da si quisiste irte en la madrugada sobria o ebria. No podemos seguir viviendo bajo la lógica tiránica de «no dar papaya». Malditos, cobardes, no tienen perdón.
Rían, bailen, salgan, lloren, jodan. ¡Jodan! Vivan. Cuidémonos entre nosotros. Cuidemos a nuestras mujeres. Lucha, Jazmín ¡Vive!
*Esta carta hace parte de la serie de #CartasAJasmín, publicada por El Espectador, en la que amigos y desconocidos le envían un mensaje de fortaleza a Jasmín Álvarez Romero, quien está en coma inducido tras ser víctima de una brutal agresión en Cartagena. Si quiere publicar una carta puede enviarla a pcuartas@elespectador.com
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