No nos consta

Blancanieves y los siete enanitos, contado por Tola y Maruja

Tola y Maruja
18 de noviembre de 2018 – 09:30 a. m.

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Mis amores,

El presidente Ivancito anda muy achantao por las críticas de los envidiosos quizque porque no hace sino viajar y no enfrenta la realidá. ¿Y qué quieren pues? ¿Que se quede en Colombia chupándose las noticias?

Ivancho llegó muy estresao de París y le pidió al tío Alvaricoque que le leyera un cuento de cuna. Uribe le leyó Blancanieves y los siete enanitos, un tríler tan miedoso que parece el sumario de Odebrecht.

“Había una vez una niña muy linda y de grandes sentimientos llamada Blancanieves -empezó a leer Uribe-. Tristemente su madre murió y su padre se volvió a casar con una dama haga de cuenta María Fernanda Cabal.

Esta madrastra, que envidiaba a Blancanieves por su lindura, tenía un espejo mágico al que diariamente le preguntaba: Espejito, espejito, ¿cuál es la mujer más guapa? Y el pobre espejo, que era casao y con obligación, respondía: Eres tú, mi señora.

Pero un día el berriondo espejo amaneció de malas pulgas y cuando la malvada madrastra preguntó quién era la más pispa del reino, contestó: Blancanieves.

La pérfida madrastra se emputó, reunió a los sirvientes y les ordenó que llevaran a Blancanieves a lo profundo del bosque y la mataran, y de prueba le trajeran su corazón sangrante.

Los sirvientes obedecieron, pero les dio lástima pasala al papayo y le contaron a Blancanieves los planes de la perversa madrastra y la animaron a huir. Y de prueba le llevaron a la arpía un corazón de jabalí.

Blancanieves corrió por el bosque y se topó con otro perdido: el gigante Peñalosa, que tenía dificultades pa respirar. Este aire puro me ahoga -dijo el canoso-, me hace falta el dísel…

Después de andareguiar desamparada por la floresta, la bella niña encontró una casita muy pequeña, como las que regalaba Vargas Lleras, y se acostó a dormir encima de siete camitas.

Cuando regresaron los dueños de la casita, que eran siete enanos espertos en economía naranja, quedaron encantaos con la hermosura de Blancanieves y la convidaron a quedase.

Durante las comidas, los siete enanos (que pa evitar el bulling llamaremos “personas en situación liliputiense”) conversaban sobre la economía naranja, tema que interesó a la muchareja.

Ellos le esplicaron la magia del número siete: siete son los pecaos capitales, siete las plagas de Egipto (sin contar el IVA), siete suman los cuatro jinetes del Apocalipsis más los tres güevitos de Uribe…

Mientras tanto, el espejo, chismoso por naturaleza, le contó a la madrastra que Blancanieves estaba viva, amancebada con siete personas de talla baja, seguramente ardientes, como todos los bajitos.

Entonces la corrompida madrastra se disfrazó de mensajera de Rappi y se internó en el bosque con una cesta repleta de manzanas envenenadas, con la oscura intención de dale materile a la preciosa niña.

Blancanieves se comió la manzana emponzoñada y estiró las patas. Entonces la maligna madrastra se disfrazó de fiscal y asumió la investigación. Menos mal pasó Maluma, príncipe del reguetón, que besó a la doncella y la revivió.

Ñapa: Con todo respeto, Tola y yo no compartimos la declaración del papa Francisco a según la cual “los chismosos son terroristas y los chismes matan”. Nunca nos imaginamos que su santidá nos hiciera matoneo.

Ñapita: Viendo las noticias de la Fiscalía colombiana, Netflix está pensando en sacar un noticiero.

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