Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
«Tú me financias, yo te contrato» es una práctica centenaria. Como los sabios de la política teórica, de la economía de escritorio y los que se hacen doctores de papel solo conocen lo que enseñan los teóricos, ignoran la realidad de nuestros campos. Por eso dicen que la persona que gane más de $300.000 al mes deja de ser pobre. Es una teoría kafkiana para bajar el índice de pobres. Y no saben que es un hecho notorio que para ser elegido en cuerpos colegiados se deben invertir miles de millones de pesos de tal manera que no se eligen administradores o legisladores, sino gerentes de contratos sin importar si la obra contratada tendrá buenos resultados o si es necesaria. Por eso se compran pechugas de pollo a $40.000, bultos de cemento a $50.000, se cobra por dar certificados de idoneidad para obras civiles, se contratan prestadores de servicios sin que se necesiten y la lista sigue de manera interminable.
Para cumplir con los compromisos del presupuesto faltan solo $14 billones. Sería muy fácil obtenerlos si los sabios salieran de sus escritorios y si los legisladores no invocaran conflictos de intereses. Los corruptos se roban al año $50 billones; el sostenimiento de las cortes paralelas para juzgar a delincuentes comunes (que sin fuero serían juzgados por jueces penales del circuito) vale $200.000 millones al año, lo que dejan de pagar los privilegiados por aportes a salud y pensión suma cerca de $60.000 millones al mes, las nóminas paralelas para pagar favores pueden sumar $50.000 millones al mes, hacer un ascenso para incrementar la pensión en tres o cuatro veces tiene un costo mensual que no es fácil calcular. La remodelación innecesaria de despachos públicos y compra de materiales suntuarios genera reproche social y silencio cómplice.
Se acercan las elecciones de alcaldes y gobernadores y ya hay candidatos que se enriquecieron en los cuatro o seis años en los que han sido funcionarios públicos con la misión de acumular riquezas privadas y se presentan como defensores de la moral pública. Lo irónico es que los potenciales electores, a sabiendas de esos actos corruptos, les brindan su apoyo incondicional. Como prevenir no es noticia, hay que estar al acecho de la ocurrencia del deterioro patrimonial para generar noticias de primera página.
¡Esta es Colombia, Pablo!
Carlos Fradique-Méndez, Bogotá.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.