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No importa si las movilizaciones son pacíficas o no, la Policía británica se ha encargado de vigilar, clasificar y seguir a cualquiera que ose alzar su voz contra el Gobierno.
Así quedó demostrado luego de que el diario londinense The Guardian denunciara la estrategia de las autoridades para combatir a los “extremistas domésticos”, categoría que no tiene base legal alguna y que agrupa a todo aquel que, a pesar de no haber cometido algún crimen, haya cometido faltas como la desobediencia civil o la resistencia pacífica.
Según el rotativo, cerca de 100 oficiales (repartidos en tres unidades especiales) tienen como misión infiltrarse en las protestas ciudadanas, identificar tanto líderes como participantes y elaborar un completo archivo, el cual incluye fotografías y videos. Esta operación recibe un presupuesto anual de más de US$14,7 millones.
Según la investigación del periódico, más de mil nombres estarían en esta base de datos, que además incluye la placa del vehículo del sospechoso, para monitorearlo a nivel nacional. Debido a esto, un hombre sin ningún crimen en su registro fue detenido 25 veces después de que participara en marchas contra la cacería de patos.
Este sistema, a su vez, divide a los sospechosos en cuatro grupos: campañas a favor de los animales, extremismo de derecha, extremismo de izquierda y “extremismo ambiental”. Según un oficial, el objetivo es prevenir posibles crímenes por todo aquel que participe en una protesta.