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Dignidad frente al dictador

Ernesto Yamhure
21 de julio de 2010 – 10:00 p. m.

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CIERTA SEUDO COLOMBIANA, NACIOnal en papeles mas no de sangre ni mucho menos de corazón, escribía hace pocos días que deberíamos dejar de lado nuestra dignidad nacional frente a los permanentes desafíos del dictador venezolano y que, con total desvergüenza, nos arrodillemos ante ese matón en aras de mantener vivo el comercio binacional.

Así piensan algunos. Están convencidos de que la billetera está por encima de todo y que el honor es un concepto caduco que bien puede ser mimetizado con unos acuerdos comerciales. Creen firmemente que poderoso caballero es don dinero.

Durante muchos años buena parte de nuestra sociedad, actuando con “pragmatismo”, se hizo la de la vista gorda frente a las toneladas de dinero de la mafia, esa misma que llegó al extremo de comprar en efectivo la Presidencia de la República. Aún estamos pagando el costo de semejante insensatez.

Si hiciéramos caso de las torpes recomendaciones de esa colombiana en documentos, que afortunadamente funge como periodista y no como canciller, no habría ningún problema con que el teniente coronel Chávez siga protegiendo a los más salvajes terroristas colombianos, para que desde Venezuela planeen y lancen operaciones criminales contra nuestros militares y policías.

No importa, dirá esa advenediza, pues para ella es más significativo un puñado de dólares, así estén impregnados de sangre y cocaína.

Cuando el presidente Uribe habla de diplomacia meliflua y babosa, hace un llamado de atención fundamental. El gobierno de Santos no puede dejarse seducir por los cantos de sirena chavistas. Fundamental que la canciller Holguín, que es una mujer honesta pero bastante ingenua, no crea las palabras del dictador cuando le confiesa admiración y respeto.

Eso mismo ha hecho con todos y a todos termina insultando. Primero los ensalza, los invita, les declama poemas, les canta y al final, inexorablemente, los insulta, les dice mafiosos, borrachos, pitiyanquis, empleados de la CIA y demás baladronadas que no merece la pena repetir.

Para desgracia de la mujer de marras, esa misma que acostumbra imponer sus soberbios puntos de vista a los gritos, el pueblo colombiano hace respetar su dignidad. Chávez nos decretó un bloqueo comercial ilegal y supimos superar el impasse encontrando nuevos mercados en otros países de la región.

Bien dijo el presidente Uribe en su formidable discurso de instalación del Congreso: “Colombia no se ha dejado someter por el comercio, porque Colombia sabe que si perdemos el carácter y la lucha por la libertad, perderemos el comercio y también la libertad”.

La humanidad cuenta con sobrados ejemplos del negro destino que padecieron aquellos pueblos que se amilanaron frente a los tiranos. Si Europa no hubiera caído en las nefastas garras de la política de apaciguamiento liderada por Chamberlain y Lebrun y se hubiera hecho caso de las palabras de Churchill, nos habríamos evitado la Segunda Guerra Mundial.

Con Chávez pasa lo mismo. Los gobernantes de la región, unos por miedo y otros deslumbrados por sus rebosantes arcas, guardan silencio cómplice. Les importa un bledo que esté metiendo a la cárcel a los pocos opositores que quedan en Venezuela, mientras cierra canales de televisión y persigue inclementemente a la Iglesia Católica.

Y hablando de aquello, es sospechoso que monseñor Salazar, feliz con su designación como Arzobispo de Bogotá, esté llamando al diálogo con el tirano venezolano. ¿Será que el próximo Cardenal no se ha enterado de que en el vecino país el catolicísimo y sus jerarcas se volvieron objetivo militar de la dictadura chavista?

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