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ONU pone toda su atención en Afganistán

El narcotráfico alimenta considerablemente a las milicias talibanes en momentos en que se repetirán las elecciones.

21 de octubre de 2009 – 04:12 p. m.

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La familia de un terrorista suicida recibe US$20 mil tras el atentado y un kilo de heroína, luego de ser vendido en los mercados internacionales, alcanza para comprar 15 fusiles Kalashnikov. Con esta  y otras cifras, La amenaza transnacional del opio afgano, un informe presentado ayer por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Onudd), busca llamar la atención sobre la correlación existente, desde 2005, entre “los ataques insurgentes y la producción de opio”.

“La economía de la droga en Afganistán pone cientos de millones de dólares al año en manos malignas, algunos con turbante negro y otros con camisas blancas”, dijo ayer Rubén María Costa, director de la Onudd, durante una rueda de prensa en la que aseguró que el tráfico de heroína ha profundizado la erosión institucional del país, hasta el punto de “afectar claramente la moral y la motivación de los afganos”.

Justamente la ONU enfrenta esta semana un difícil reto: organizar rápidamente la segunda vuelta de las elecciones afganas, luego de que se comprobara que los comicios del pasado mes fueron fraudulentos. Hamid Karzai aceptó el lunes, tras semanas de presión internacional, ir a una segunda vuelta, mientras la Comisión Electoral anunciaba que 5% de sus votos habían sido alcanzados de manera fraudulenta. A esto se le sumó ayer el anuncio del secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, quien ordenó el relevo de dos terceras partes de sus funcionarios electorales en el país, por considerarlos involucrados con el fraude nacional.

“Hay 380 distritos electorales en el país a lo largo de Afganistán, intentaremos reemplazar 200 funcionarios que han estado involucrados o que no han estado siguiendo los lineamientos”, dijo Ban, quien se encuentra bajo enorme presión para garantizar que la segunda vuelta entre Karzai y su opositor, Abdullah Abdullah, se lleve a acabo de manera transparente.

Como si fuera poco, la inestable situación ha dilatado el anuncio de la nueva estrategia norteamericana en Afganistán. Para Estados Unidos y su presidente, Barack Obama, el asunto en materia política y de seguridad es de primer orden. Mientras que en Estados Unidos la opinión pública comienza a comparar la incertidumbre de Afganistán con la Guerra de Vietnam, las milicias talibanes y las células de Al Qaeda se extienden hacia Pakistán. Una amenaza global, al ser esta nación, según el analista Isaac Bigio, “el único país musulmán con armas nucleares”.

El presidente Obama ha recibido  informes que demuestran que la estrategia actual en el país fracasará y que un incremento de las tropas (68.000 en la actualidad, entre norteamericanas y extranjeras) es un imperativo para estabilizar el país. Sin embargo, hasta el momento nada se ha sabido del nuevo horizonte de esta guerra.

En la Casa Blanca, el vocero de la Presidencia, Robert Gibbs, aseguró que el mandatario contempla la posibilidad de revelar sus nuevos lineamientos en la región antes de la segunda vuelta en las elecciones afganas. El equipo de Obama, sin embargo, considera “fundamental la legitimidad del socio en el Gobierno de Afganistán”, puntualizó Gibbs.

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