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HASTA HACE SÓLO UNOS AÑOS LA SAbiduría convencional afirmaba que si Estados Unidos estornudaba, a Colombia y a prácticamente la totalidad de los países emergentes les daba pulmonía. La razón: la economía gringa era la locomotora de la economía mundial y el menor desacelere podría hacer descarrilar los vagones.
Las realidades económicas y financieras han evolucionado en forma sorprendente: la economía norteamericana (por no hablar de la europea) está al borde de la pulmonía y las economías de buena parte de los países emergentes – incluyendo Colombia – apenas han estornudado.
En el caso concreto de Latinoamérica, la región – con contadas excepciones – ha evitado los errores del pasado y enfrenta es el reto de aprender a gestionar un robusto crecimiento de manera sostenible. Latinoamérica depende cada vez menos de Estados Unidos, de Europa y de Japón. China y en menor grado India, y el mismo comercio entre los países de la región cobran cada día más importancia en el crecimiento continental. Según la prensa especializada, el PIB latinoamericano después de caer el 1.9% en el 2009 crecerá el 5.2% este año. A la cabeza de las principales economías de la región estará Brasil, con 7.6%; seguido por Perú con 6%, y Argentina, con 5.4%. Chile, pese al terremoto se expandirá el 4.7% y México el 4.5%. Colombia crecerá el 3.6% y la excepción entre la grandes economías será Venezuela, que seguirá contrayéndose, esta vez un 2.6%.
Para el New York Times “Latinoamérica es una caja de sorpresas económicas”. El robusto crecimiento de la región, según ese diario, no es sólo producto del auge de las materias básicas, sino de las exitosas políticas que fomentan la inversión y alimentan buena parte del crecimiento, como es el control de la inflación.
El nuevo orden económico internacional lo que pulveriza son las teorías infantiles de dependencia de Eduardo Galeano, ídolo de Chávez y de la izquierda latinoamericana. ¿Será que el autor de Las venas rotas de América Latina de ahora en adelante va a argumentar que los norteamericanos y los europeos son víctimas de explotación por parte de las economías emergentes?
El otro paradigma que está próximo a explosionar es el de que las guerras económicas seguirán siendo las guerras del petróleo. En un lapso de tres lustros los hidrocarburos van a dejar de tener relevancia, tema que se tratará en un próximo artículo. Lo que cada día tendrá más importancia es el agua y lo más probable es que las próximas guerras en el campo económico sean guerras hídricas, en vez de guerras de hidrocarburos.
El genial humorista norteamericano Mark Twain, en una ocasión afirmó: “El whisky es para tomar, el agua es para pelear”. En ciertos regiones, especialmente el África subsahariana, en el Oriente Medio, y en buena parte del Asia, las reservas de agua se agotan a velocidades alarmantes. Para el año 2025 se estima que cerca de 2.000 millones de personas en esas regiones no van a contar con suficiente agua para sobrevivir.
De no tomarse medidas urgentes, los conflictos armados para tener mayor acceso a los recursos hídricos van a ser inevitables. Los focos más delicados son las cuencas de los ríos Nilo y Jordán y el Valle entre el Tigris y el Éufrates. En cualquiera de estos lugares, en un futuro no muy lejano, se va a desatar una feroz guerra por el agua.
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Apostilla: Ingrid Betancur y su familia se acostumbraron a vivir – sin tener que mover un dedo – a costa de los contribuyentes franceses. ¿Será que los galos se aburrieron de pitar y pitar y lo que Ingrid pretende es que seamos los contribuyentes colombianos los que pitemos en el futuro?