De velorio… a lavandería… a velorio

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El Foro de São Paulo, retoño del insigne matrimonio entre Fidel Castro y Lula y el Partido de los Trabajadores del Brasil, nació en 1990, en pleno velorio del comunismo soviético. En esencia, el Foro lo que pretendía ser —aparte de dique de contención del neoliberalismo— era el aparato unificador del comunismo agonizante, logrando de paso la simbiosis entre la izquierda y los grupos terroristas de toda Iberoamérica. Entidad tan anacrónica como equivocada, en escasos 28 años el Foro vio la luz en un velorio… al cabo de los años pasó a convertirse en una lavandería… y en las últimas semanas ha regresado a ser un velorio. Los fundadores del Foro, como lo señala el analista Carlos Sánchez Berzaín: “Decidieron copar y operar temas de grupos sociales, sectoriales, funcionales y territoriales como el feminismo, el ecologismo, el regionalismo, el indigenismo, la defensa de género y todos los temas posibles para enfrentar a la democracia que señalaron como neoliberalismo. Multiplicaron los ejes de confrontación para remodelar y disfrazar la derrota del comunismo marxista soviético que arrastraba al castrismo”. Por supuesto, a este sancocho ideológico lo sazonaron y adobaron con generosas porciones de marxismo, maoísmo y teología de la liberación.

El Foro, necio sería negarlo, anotó varios éxitos a partir de 1998, cuando Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela. Vendría una cadena de países que en forma sucesiva tomarían la alternativa de izquierda: Lula da Silva en Brasil en 2002; Néstor Kirchner y su esposa Cristina Fernández, en el 2003; Evo Morales en Bolivia, en 2005: los esposos Ortega (Daniel y Rosario) en Nicaragua, en 2007; Rafael Correa ese mismo año, y Maduro en 2013. Con lo que no contaban los integrantes del Foro es que el andamiaje ético estaba próximo a caerse: la presión judicial y mediática dejó en evidencia la vocación de pícaros de sus líderes más destacados. El caso “lava jato” en Brasil y las confesiones de Odebrecht en todo el continente dejaron claro que el principal objetivo de los socialistas del Foro de São Paulo, como lo señala Sánchez Berzaín, aparte de enriquecerse, fue que “nunca más falte dinero para la acción política”. En el 2010, los correveidiles del Foro detentaban el poder en siete de los principales países de América del Sur. Hoy la izquierda corrupta se mantiene en el poder solo en Bolivia y en Venezuela.

Ante la puesta en pública evidencia de los altísimos niveles de corrupción, al Foro de São Paulo no le quedó alternativa diferente a intentar limpiar las nauseabundas reputaciones de Lula, Dilma, Maduro, los Ortega y los Kirchner. Para operar esta lavandería contaron con un grupo casi tan bufonesco como ellos mismos: el Parlamento Europeo-Latinoamericano, parlamentarios que, indistintamente de la bandera ideológica que estuvieron izando, pasaron a hacer una causa común: la defensa de los regímenes de izquierda en el continente, haciendo caso omiso de que sean criminales o corruptos (o una mezcla de las dos, como suele ocurrir con frecuencia en Iberoamérica). Pero la tintotería no les funcionó. Con la aplastante derrota de Lula y el Partido de los Trabajadores del Brasil a manos de Bolsonaro, el Foro de São Paulo nuevamente ha pasado a ser un velorio (ya no del desaparecido comunismo soviético), sino de una izquierda continental trasnochada y alicaída. Como el ave Fénix, al Foro le va a tocar resurgir de sus propias cenizas. ¡Mamertos del continente: manos a la obra!

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