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Un alumna de mi colegio era la novia del profesor de música. Y no era un secreto para nadie.
Si la memoria no me falla, esta lolita cursaba noveno, tendría escasos 15 años. Nunca supe la edad del profesor, solo recuerdo que no se trataba de esos jóvenes que tempranamente dan clases. A mediados de los 80, la mirada era otra: en el recreo, solo comentábamos lo raro que sería salir con un “señor tan grande”. Jamás hubo un pronunciamiento público al respecto por parte los de padres o las directivas.
Creo que pocas mujeres se han graduado de la universidad sin alguna anécdota propia o ajena con algún profesor “inapropiado”. (Tuve la desgracia de toparme con el mismo sujeto —e insinuación— en dos universidades distintas).
La literatura y el cine, entre otras formas del arte, han sido legitimadores sociales de este tipo de relaciones que durante tanto tiempo se habían asumido como “naturales”, sin considerar el factor de verticalidad, de poder, que media en ellas.
Las investigaciones periodísticas sobre acosadores como Bill O’Reilly (quien además recibió el respaldo inicial de Donald Trump) o Harvey Weinstein y el movimiento #MeToo han sido campanazos sobre la naturalización de un delito en el entorno laboral (entre adultos…).
La multiplicación de casos judiciales obliga a una reflexión —que no juicio instantáneo, sin investigación previa— sobre los protocolos para denunciar.
Los entornos educativos en Colombia requieren una mirada desde perspectivas como las que proponen #MeToo y #NoEsHoraDeCallar.
Los manuales de convivencia suelen contener algunas normas sobre la relación estudiante-profesor. Los niveles de aceptación o rechazo van desde la prohibición absoluta de relaciones sentimentales hasta su autorización cuando ambos ya no comparten aula. Otros ignoran la situación.
La pregunta para plantear en los entornos educativos es por los protocolos de denuncia: más allá del miedo a la denuncia, ¿saben los niños y niñas cómo proceder en caso de ser acosados sexualmente?
¿Estoy comparando relaciones sentimentales consentidas con abuso carnal? Claro que no. Una relación mutuamente aceptada no es lo mismo que una violación, pero aquí estamos hablando de 1) verticalidad y 2) niños y adolescentes. (No sobra recordar que cualquier relación con un menor de 14 años, con o sin consentimiento, es un delito ante la ley colombiana).
¿Qué hubiera sucedido si, por ejemplo, el Colegio San Viator hubiera contado con un protocolo para denunciar el acoso sexual? ¿Y si el joven de 21 años que se suicidó hubiera conocido una “ruta de evacuación” para salvar su vida? Esto pasa por el psicólogo escolar, claro, pero también por un abogado, por la Secretaría de Educación: un sistema que evite tanto la “cacería de brujas” como el abuso aislado o sistemático (los acosadores tienen un patrón de conducta: no suelen hacerlo una sola vez).
Los abusadores se aprovechan de nuestra mala memoria y del miedo de los menores.
Padre de familia, acudiente, rector, profesor, pregúntele ya a cualquier alumno(a): si hoy un(a) profesor(a) te acosa sexualmente, ¿qué harías para denunciarlo en tu colegio/universidad?