Lo urgente y lo importante en Colombia

Colombia se la pasa solucionando crisis. Los debates con los que estamos terminando el 2018 lo demuestran: cómo tapar ciertos huecos fiscales para que el Estado funcione el año entrante, cómo garantizar que una investigación puntual no tenga problemas de legitimidad, cómo llegar a acuerdos para que las distintas manifestaciones cesen. Todo es muy urgente. ¿Pero qué pasa con lo importante?

26 de noviembre de 2018 – 12:00 a. m.

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No se trata, por cierto, de un problema del actual Gobierno ni del Congreso. Es una deficiencia que hemos visto a lo largo de distintas administraciones: los líderes políticos se concentran tanto en el día a día y sus vicisitudes (aunque hay contadas y notables excepciones), que los proyectos de largo plazo, la solución a los problemas inminentes (pero que no parecen tan urgentes) y la ambición de construir un país que esté a la vanguardia del mundo se olvidan. Nos quedamos apagando incendios y no vemos que hay otros mucho más grandes en el horizonte.

El cambio climático es un tema nulo en el debate nacional y regional. Más allá de algunos discursos y compromisos tímidos, los gobiernos de Colombia no se lo han tomado en serio. El Congreso tampoco lo considera, pero el reloj sigue su marcha.

El resultado es que las energías renovables, la transformación de la economía y la toma de difíciles pero necesarias decisiones de conservación y modificación de las inversiones estatales están aplazadas. Deberíamos estar viendo la construcción de un consenso político para proponer un plan ambicioso que prepare a Colombia para los difíciles años que vienen; en cambio, el silencio es atronador.

La semana pasada, 13 agencias federales de Estados Unidos publicaron un informe sobre los efectos que tendrá el cambio climático en ese país si se sigue haciendo nada. El diagnóstico es estremecedor.

La economía de ese país se verá recortada en un 10 % para finales de este siglo; es decir, unas pérdidas el doble de gravosas que las que se vieron durante la Gran Recesión. Las exportaciones y las cadenas de suministro se verán afectadas, los cultivos se reducirán, los incendios aumentarán en intensidad y cantidad, las regiones áridas estarán aún más escasas de agua, las tormentas serán más fuertes; todo el país se verá influenciado por el cambio.

En plata blanca, el reporte estima que EE. UU. perderá US$141.000 millones por muertes relacionadas con el aumento en las temperaturas, US$118.000 millones por el aumento en el nivel del mar y US$32.000 millones por daños a la infraestructura. Así se ve una crisis catastrófica.

¿Cómo se combate esto? Según el estudio, con impuestos a quien emita dióxido de carbono a la atmósfera, con mejores regulaciones para controlar la polución y con inversión estatal en investigación de energías renovables. ¿Cómo va Colombia en estos puntos?

Por supuesto que el país no puede ignorar lo urgente, las minucias del día a día, pero hay que incluir en nuestros cálculos este tipo de retos. De lo contrario, cuando veamos sus efectos, ya será demasiado tarde para hacer algo.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com

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