Publicidad

El idioma del mundo virtual

Ricardo Bada
15 de julio de 2010 – 10:13 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Gustavo Adolfo Ortiz, con ese nombre de rey sueco o de poeta romántico español, es un pintor colombiano que diseña, crea y pinta en la pantalla…

Gustavo Adolfo Ortiz, con ese nombre de rey sueco o de poeta romántico español, es un pintor colombiano que diseña, crea y pinta en la pantalla, al igual que sus colegas de antes de la cibernética lo hicieron en el lienzo, la madera o las paredes, y en algún caso los techos, por ejemplo los de la Capilla Sixtina, que avalan mi sospecha de que Michelángelo murió de una tortícolis fulminante. Gustavo Adolfo Ortiz, además, es director del Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá y un pedagogo heroico de este nuevo sector conquistado por el arte.

¿Por qué ‘heroico’? Porque ha transportado toda su sabiduría a un libro que se titula Estudio digital (Técnicas de ilustración vectorial), que he reencontrado al reordenar mi biblioteca y al que no sé cómo definir, pero acerca del cual quisiera aventurarme a decir algo propio.

Desde hace ya algunas décadas se nos ha vacunado contra la vana pretensión de que algún otro idioma que el inglés pueda ser la lingua franca de los modernos medios de comunicación. El lenguaje de la cibernética pasa por el inglés, afirman todos aquellos que debieran saber que el inglés, en materia de cibernética, sería un torso sin el griego, y eso ya desde la misma definición del término madre. Cibernética significa nada más y nada menos que ‘la pericia, el arte del piloto’, en el griego de Diógenes y Sócrates, y también de la divina Friné, modelo de Praxíteles, acusada de impiedad, y a quien le bastó desnudarse en presencia de los jueces para que éstos la absolvieran.

 Pues bien, reojeando y rehojeando el libro de Gustavo Adolfo Ortiz, advierto que la lengua castellana no va a la zaga de la inglesa cuando hay que establecer el léxico del internauta. Sólo que la comodidad nos vuelca al inglés de hoy. Pero no deberíamos olvidar que el castellano es la lengua de uno de los posibles futuros de la humanidad: la otra es el chino. Y del inglés, a la vuelta de un par de siglos (que no son nada en el contexto de la historia), quizá no queden más que reliquias que se seguirán hablando en la vieja Albión, ¡faltaría más!, en algunas islas del Pacífico y, naturalmente, en Boston.

 Este, creo yo, es el valor más perdurable y destacable del libro de Gustavo Adolfo Ortiz: que nos haya puesto, ya, sobre la pista de que no es necesario hablar el difícil (‘el difícil’ es el nombre con el que llaman al inglés los puertorriqueños) para entendernos en el mundo que se nos avecina. No a nosotros, ni a nuestros hijos ni a nuestros nietos ni siquiera a nuestros bisnietos, pero… ¿creen ustedes que Cicerón hubiese podido imaginar que los nietos de sus nietos iban a hablar otro idioma que el latín? Dicho sea de paso: algunos de los nietos del anterior presidente de los Estados Unidos ya son hispanoparlantes. ¿Y saben cómo los llama él? "Mis morochitos". ¡Qué tierno! ¿no?

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido