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Es difícil concebir una final más amena e interesante.
El Soccer City, con capacidad para 85 mil aficionados, será testigo hoy de la ultima batalla del primer Mundial disputado en territorio africano. Y a la cita concurren los naranjas de Holanda y los rojos de España para un partido con matices profundamente diferentes.
De un lado, la única selección que permanece invicta en el torneo, el equipo dirigido por Van Marwijk, tímido y de actuaciones irrelevantes al principio pero firmes y convincentes en los últimos tramos. Y de otro lado, el seleccionado español que orienta Vicente del Bosque, un cuadro de encantadores duendecillos que cuando les prestan la pelota acarician el balón y son capaces de bordar un fútbol vistoso, aseado y lúdico del que el aficionado común y corriente logra enamorarse.
Será un duelo entre dos países que no han sido nunca campeones del mundo y que en su máximo palmarés sólo ostentan una victoria en una Eurocopa, Holanda en 1988 con aquella generación de Van Basten, Gullit, Koeman, Rijkaard, y España tan sólo hace dos años en El Prater de Viena con esta misma generación que hoy aspira a ganar el Mundial para entrar en la historia como el mejor equipo ibérico de todos los tiempos.
Empero, esta será la tercera ocasión en que la selección naranja dispute una final. La mejor escuadra de la historia, aquella que encarnó y sustentó la leyenda del ‘fútbol total’ con Johan Cruyff, Rensenbrink, Ruud Krool, Johnny Rep, Johan Neeskens, entre otros, se quedó a las puertas del cielo en el 74 y 78, perdiendo las finales ante los equipos locales de Alemania y Argentina.
España nunca había aterrizado en una final mundialista y por lo tanto será un duelo imprevisible y una circunstancia diferente para los jugadores españoles.
El fútbol total
Holanda tenía antes una sentencia que desnudaba su carácter en el fútbol: “no se concibe un seleccionado holandés sin atacar”. La frase pertenece a uno de los grandes gurús del balompié holandés de todos los tiempos, Rinus Michels, quien llevó al Ajax a la gloria y quien moldeó finalmente lo que había inventado Stephan Kovacks, el fútbol solidario del ‘torbellino naranja’ que en el mundo se llamó ‘fútbol total’.
Holanda ha sido cuna de grandes jugadores y técnicos y su irrupción en el fútbol mundial desde la década de los sesenta nunca ha tenido los premios que podían esperarse de la calidad de sus protagonistas. Su juego atractivo y estético siempre terminaba a mitad de camino y a las puertas del Edén.
El técnico Van Marwijk se apartó de los postulados de Michels y Cruyff y modeló un equipo para ganar, partiendo de la premisa de que el mejor ataque es una buena defensa. Por eso esta Holanda ha tenido una involución en su sentido artístico del juego. Gustan menos, ganan más, se sienten menos cómodos con la pelota y el fútbol que practican, pero están por fin a las puertas de jugar una final. Las ‘otras’ Holandas eran más placenteras a la vista, menos rendidoras.
Stekelenburg reemplazó a Van der Sar en la puerta y lo ha hecho con gran categoría. A Van der Wilde, el lateral derecho, lo pretenden casi todos los grandes de Europa. Mathijsen y Heitinga parecen jugadores del montón, pero en la selección se crecen y Gio, ya en el ocaso de su carrera, marcó uno de los goles más bellos del torneo y está incluido en la selección ideal del torneo.
Dos mastines en el medio, Van Bommel y De Jong, pegan, muerden, marcan el bloque corto de presión y tres volantes de segunda línea que juegan al fútbol.
El equipo holandés se caracteriza por la cantidad de jugadores zurdos que acumula en el frente de ataque, con el genial Arjen Robben, ‘descorchador’ ideal de defensas arrancando por la derecha, y Sneijder, que podría conquistar un histórico tetra de títulos pues ya acumuló el scudetto, Copa Italia y Champions. Para Robben y Sneijder la revancha tiene sabor blanco, pues fueron desechados hace un año por el ‘Faraónico’ Florentino Pérez, al considerarlos insuficientes para afrontar su proyecto galáctico. Hoy, el Madrid está fracasado y los dos tulipanes besan la gloria del fútbol mundial. Kuyt y Van Persie, de rendimiento muy discreto, completan un cuadro potente, con momentos brillantes ante Brasil y Uruguay, que cuando decide jugar ofensivamente hace estragos en cualquier rival.
El técnico holandés puede hoy decir que su cambio de método ha dado un 90% de resultado. Holanda está en la final sin llegar a jugar como antes, tan sólo el título le daría opción al adiestrador para reclamar la gloria que todavía Cruyff le niega.
La Roja
Vicente del Bosque recibió un equipo ganador en la Euro, pero desde un principio le metió mano en algunos detalles, lo que sirvió para que los enemigos escondidos en el mediatismo le acusaran de haber cambiado la esencia del “tiki-taka”.
Tambaleante en el debut ante Suiza, a España le costó la ronda eliminatoria y tuvo que disponer de pinceladas de sus artistas de la pelota y de los goles de Villa-Maravilla para poder sostenerse en el primer lugar del grupo y evitar a Brasil en octavos.
Durante su discurrir en el torneo, a Del Bosque le cuestionaron el doble pivote con Busquets y Xabi Alonso y la insistencia con El Niño Torres mermado en sus condiciones físicas. Aún así, con dudas e imperfecciones, la roja siguió adelante y daba muestras de tener mucha más gasolina en el tanque. Le sobraba motor, pero no lograba conectar. Sus ‘jugones’ no alcanzaban el tono deseado y tan sólo los goles de El Guaje le mantuvieron en la pelea. Pero España ya insinuaba, anunciaba, dejaba entrever que en cualquier momento iba a aparecer el equipo campeón de la Euro y que tan sólo perdió dos partidos en 29 juegos disputados.
Finalmente, en Durban, España llegó al Mundial y eliminó en una maravillosa demostración de toque, estética, circulación de pelota, juego a uno y dos toques, apertura del campo, equilibrio defensa-ataque, a una gran Alemania. El gran favorito había dinamitado la resistencia germana y se ponía en la final con la chapa que su juego durante estos últimos dos años le acreditaba.
Casillas es más Casillas que nunca. Ramos explota la banda derecha. Piqué es un ‘monstruo’ que con 23 años parece conocer todo el repertorio del defensa central, juega y saca jugando al equipo desde el fondo. Puyol se revienta y se desmelena, pero también aporta una cuota espiritual de empuje que le hace el gran capitán. Capdevila es el más discreto del fondo y tendrá muchos problemas con su pierna derecha frente al enganche a la zurda de Robben.
En el medio, Busquets ha sido sensacional. Del Bosque lo vio en el Barça y lo llevó a la selección, donde parece tener 50 partidos. Juega, corta, la lleva, se desdobla, gran torneo. Xabi Alonso es diferente, empuja, da consistencia defensiva y trata de conectar a Xavi, el duende alado del Barça que sigue siendo la idea, el orfebre, el defensor del estilo.
Cuando Xavi encuentra a Iniesta en el campo, brotan gotas de fútbol en su estado más puro. Tocan, redondean, hacen paciente la elaboración, abren el camino y finalmente meten los pases a los pasillos como profundas puñaladas en las defensas enemigas. Villa hace el resto, gracias a un estado pletórico de definición en que todo lo que toca parece ir adentro.
Del Bosque ha movido muy bien las teclas del equipo. Cuando necesitó revulsivos, los encontró en Llorente para desarbolar la marca hondureña, en Cesc para la tenencia de bola ante Chile, pero donde el veterano ex técnico del Real Madrid encontró su filón inesperado fue en la presencia de Pedrito en la semi ante Alemania. Se esperaban otras variantes y el técnico salmantino envió al juvenil delantero del Barça, que jugó entre líneas y ayudó a explotar la zona derecha del elenco teutón.
España sigue fiel a su libreto, el que le ha dado el éxito, el que la ha encumbrado a la cima del fútbol espectáculo.
Así es el duelo de hoy en el Soccer City. Es el fútbol en estado puro. Son diamantes genuinos y auténticos, extractados de esta tierra africana y venidos de Europa.
Es cierto, difícil concebir una final más amena e interesante.