Publicidad

El precio de la unidad

Ernesto Yamhure
07 de julio de 2010 – 09:21 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

FALTA UN MES PARA LA POSESIÓN DEL nuevo presidente y hasta ahora se conoce el nombre de los ministros de Hacienda, Transporte, Relaciones Exteriores y Ambiente. Los funcionarios designados, sin ser uribistas, comparten la línea de pensamiento establecida por el gobierno actual.

Pero su impronta es fundamentalmente santista. Hasta el momento, no se ve en el gabinete el reflejo de la cacareada unidad nacional. Pareciera entonces que el objetivo del nuevo presidente consiste en ampliar el número de integrantes de la bancada oficialista en el Congreso, sin caer en la asignación milimétrica de ministerios con criterio partidista.

A la bancada original del uribismo —integrada por el Partido Conservador, el Partido de la U y una pequeña porción de Cambio Radical— se han sumado algunos liberales que hasta hace poco registrábamos como furiosos e irreflexivos opositores de Álvaro Uribe.

Esos mismos que durante los 8 años de gobierno posaron en el hemiciclo como convencidos rivales del régimen, hoy visten el traje del oficialismo, olvidando que el triunfo de Juan Manuel Santos estuvo sustentado por los votos y el discurso de los uribistas.

Ante sus electores tendrán que sustentar esa voltereta difícil de comprender. Cómo explicar que la seguridad democrática es nefasta hasta el 7 de agosto, pero que será la gran política a partir del instante en el que Santos asuma el cargo que logró, repito, con el favor del uribismo.

Es posible que esos rabiosos y sectarios opositores de antaño hayan reflexionado y su conversión sea reflejo de un corazón contrito y arrepentido por una delirante oposición que muy poco le aportó a nuestra democracia.

Dudo de las buenas intenciones de esos liberales que han llegado a la coalición. Rafael Pardo jefe lo insinuó en su momento: 8 años de oposición es demasiado tiempo, 12 serían insoportables. Así pues, grande es la sospecha de que los advenedizos necesitan eso que algunos llaman oxígeno y que en castellano político callejero conocemos como puestos, cuotas de gobierno o contratos.

Independientemente de su apetito, los recién llegados, que no hijos pródigos, intentan poner las condiciones. Hablan de reunificación liberal. Sueñan con el desmantelamiento de la U y el posterior fortalecimiento del agonizante partido de Ezequiel Rojas.

Así no son las cosas. La unión debe darse, pero alrededor de la U. El liberalismo es cosa del pasado. Su extinción como colectividad histórica es inminente. El ritmo de su desplome es impresionante y ellos lo saben.

Empieza a entenderse el afán de esos liberales que frenéticamente se opusieron al gobierno; no quieren pasar a la historia como los sepultureros de su partido y ahora, con todo el cinismo del caso, buscan el regreso a sus filas de aquellos que valerosamente se la jugaron por el uribismo.

Existe otro elemento que hace dudar sobre los buenos propósitos de algunos apóstoles de la unidad nacional, dado que buscan erigirla sobre la ruina del presidente Uribe y de su gobierno. Consideran que ha llegado su hora para el desquite. No perdonan que Uribe haya gobernado durante 8 años a espaldas de ellos, haciéndoles el quite a las transacciones politiqueras que tanto los seduce.

Santos sabrá cómo manejar ese desorden que se ha formado en el Congreso. En sus manos está que la unidad nacional a que está llamando rinda los frutos esperados. La reunificación es bienvenida, siempre y cuando se haga bajo la elemental condición de que ésta se haga entorno al Partido de la U y con el beneplácito de Álvaro Uribe, su jefe natural.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido